Cuando nos mudamos aquí, jamás creí que vería algo así. Ella, sentada delante de la tele, en nuestro apartamento alquilado de Berlín, pertrechada con bufanda con la bandera de España, gorra con los colores de España, camiseta de la selección española. Con una bandera enorme de España detrás de ella, a juego con los colores que se había pintado en la cara. Se habia recorrido infinidad de tiendas hasta conseguir todo aquello, movida por una fe y un sentimiento que jamás había visto dentro de ella.
Allí estaba, en el sofá, atenta a la pantalla quince minutos antes de que empezara el partido. En medio del país contra el que se enfrentaba, rodeada por vecinos que deseaban que sus sueños se vinieran por tierra, con un marido en casa nacido en Frankfurt con un cierto parecido a Jurgen Klinsmann y una retransmisión del partido en un perfecto alemán.
Aún la recuerdo emocionada cuando el himno de España empezó a sonar. Y eso que no tiene letra y no puede emocionarse cantando como hacemos nosotros, que recordamos nuestra historia ( algún pasaje se omite ) y la vivimos en cada estrofa.
El balón empezó a moverse, y ella ya no pudo quitar los ojos de la pantalla. Veía en esos once jugadores, a su país, a sus amigos de la infancia, a sus padres en el pueblo de vacaciones,... qué se yo que recuerdos podían estar aflorando en su mente. Sólo recuerdo la tensión en la que estaba, totalmente concentrada, ensimismada con la pantalla.
En cuanto Torres marcó el gol, ella saltó, henchida de alegría, desbordada de felicidad. Y yo también. Porque mi país siempre ha estado donde estaba mi corazón, y mi corazón, ese día, estaba debajo de esa gorra, dentro de esa camiseta. Mi país entero estaba sentado en ese sofá. Nunca ganará ninguna eurocopa, pero era, y es, el único del mundo en el que quiero vivir.
España y yo ganamos el partido al mismo tiempo.
Letras que forman microrrelatos, palabras que forman relatos, frases que forman textos... El azar, rellenando este hueco.
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miércoles, 2 de julio de 2008
lunes, 30 de junio de 2008
Relato - Mientras España gana
Toda España estaba pendiente de la televisión o de la radio. El país entero, pendiente de un balón, de noventa minutos. De conseguir esa gloria en el fútbol que se nos había negado durante tanto tiempo. Y mientras todo el mundo miraba a su pantalla, se agarraba a su bandera comprada en un chino, se pintaba la cara con esos colores que tanto tiempo habían permanecido apartados, yo veía tu hueco, veía que tú no estabas.
En esos diez primeros minutos en los que Alemania atacaba y dominaba la pelota, los únicos del partido, tenía dentro esa sensación de doble derrota, de ir a perder un partido y una vida, de haber llegado lejos, para caer justo al final, mientras el destino y Platini se reían a mis espaldas.
España pasó a dominar, sí, lo hizo. Como debía. Pasó a tocar, a un lado, al otro. Poca profundidad, muchas faltas recibidas, escasas ocasiones. Yo miraba sin ver, veía pases que no iban a ningún sitio, un balón que se movía, y que cada jugador que lo recibía era golpeado inmisericordemente. Veía un árbitro que no se enteraba de nada. Me identificaba con él. Quizás el también estuviera pensando en alguien que no pudiera quitarse de la cabeza, y le daba igual que la patada fuera por detrás, o el codazo intencionado. Quizás a él también le daba lo mismo el partido.
En una jugada sin elaboración, un pase rápido a la espalda de la defensa, Torres hizo lo que todos esperaban de él. Por primera vez con la selección, marcó un gol de los que se le suponen solo puede marcar él. Fuerza, potencia, velocidad, descaro. Ansía de querer marcar, voluntad de luchar ese balón contra esos dos metros de defensa que parecían inabarcables y fueron un mero rodeo a dar. Un gol, un estallido de alegría. Un abrazo, y otro, y otro. Y ninguno a ti, que no estabas. A ti a quien daría todos. Sensación de falsa euforia, de alegría que se mezcla con un vacío por el que se va perdiendo. Ilusión que cae a un pozo sin fondo imposible de llenar.
Descanso. En Colón, miles de personas sabían que podían proclamarse campeones de Europa. Alrededor de nuestra piel de toro, el número ascendía a millones. Rostros y rostros mirando a la tele, mirandose entre ellos, con gritos, con silencios, buscando ese lugar en la historia moderna que antes se conseguía en los campos de batalla, y ahora, detrás de una esfera que originalmente era de cuero.
Yo no descansé, porque todo seguía igual.Porque mientras toda España soñaba lo mismo, yo soñaba mi imposible. Podía hacerse realidad lo que nadie pensaba días antes, y yo anhelaba que lo que se hiciera realidad fuera aún más complejo. Un milagro casi. Insignificante para el resto del mundo, posiblemente. Vital para mi.
El balón volvió a rodar.
Al igual que contra Rusia, frente a Alemania salió lo mejor de nuestro juego en la segunda parte. Ataques rápidos, directos, entradas por banda... Sensación de dominio apabullante frente a un supuesto gigante que dio sensación de bajar los brazos antes de tiempo. Éramos mejores y creábamos peligro, pero no lograbamos rematar, no lograbamos conseguir ese segundo gol que diera la tranquilidad. Había ese nerviosismo, ese típico miedo tan nuestro a que en el último momento nos marcaran un gol que forzara la prórroga. Esa sempiterna sensación de fracaso que llevamos pegada a la piel, y que conozco tan bien.
Pero esta vez ganamos. Sin agobios al final, como si Alemania reconociera que sólo merecíamos ganar nosotros. Ellos tenían las mentes en otro campo de fútbol mucho antes de que el partido acabara. Mientras ellos se iban al túnel de vestuarios, España entera, en Madrid, en Viena, en Oviedo, Jaén, Barcelona, Tolosa, allí donde hubiera un español, saltó. Saltó y se abrazó. Abrazos, besos, abrazos, fotos, brindis al sol, y más abrazos. Abrazos en rojo gualda, abrazos huecos, no como los que querría darte. Cien abrazos dados, y en todos, pensando que el siguiente ojalá fuera a ti. Ese abrazo hubiera sido más valioso, más apasionado, que el de Iker Casillas a esa copa.
España ganó ayer, ya somos campeones de Europa de nuevo. Pero la sensación sigue siendo que cada día lejos de ti es una derrota. Un partido perdido antes de que el balón, siquiera, empiece a rodar por el césped.
En esos diez primeros minutos en los que Alemania atacaba y dominaba la pelota, los únicos del partido, tenía dentro esa sensación de doble derrota, de ir a perder un partido y una vida, de haber llegado lejos, para caer justo al final, mientras el destino y Platini se reían a mis espaldas.
España pasó a dominar, sí, lo hizo. Como debía. Pasó a tocar, a un lado, al otro. Poca profundidad, muchas faltas recibidas, escasas ocasiones. Yo miraba sin ver, veía pases que no iban a ningún sitio, un balón que se movía, y que cada jugador que lo recibía era golpeado inmisericordemente. Veía un árbitro que no se enteraba de nada. Me identificaba con él. Quizás el también estuviera pensando en alguien que no pudiera quitarse de la cabeza, y le daba igual que la patada fuera por detrás, o el codazo intencionado. Quizás a él también le daba lo mismo el partido.
En una jugada sin elaboración, un pase rápido a la espalda de la defensa, Torres hizo lo que todos esperaban de él. Por primera vez con la selección, marcó un gol de los que se le suponen solo puede marcar él. Fuerza, potencia, velocidad, descaro. Ansía de querer marcar, voluntad de luchar ese balón contra esos dos metros de defensa que parecían inabarcables y fueron un mero rodeo a dar. Un gol, un estallido de alegría. Un abrazo, y otro, y otro. Y ninguno a ti, que no estabas. A ti a quien daría todos. Sensación de falsa euforia, de alegría que se mezcla con un vacío por el que se va perdiendo. Ilusión que cae a un pozo sin fondo imposible de llenar.
Descanso. En Colón, miles de personas sabían que podían proclamarse campeones de Europa. Alrededor de nuestra piel de toro, el número ascendía a millones. Rostros y rostros mirando a la tele, mirandose entre ellos, con gritos, con silencios, buscando ese lugar en la historia moderna que antes se conseguía en los campos de batalla, y ahora, detrás de una esfera que originalmente era de cuero.
Yo no descansé, porque todo seguía igual.Porque mientras toda España soñaba lo mismo, yo soñaba mi imposible. Podía hacerse realidad lo que nadie pensaba días antes, y yo anhelaba que lo que se hiciera realidad fuera aún más complejo. Un milagro casi. Insignificante para el resto del mundo, posiblemente. Vital para mi.
El balón volvió a rodar.
Al igual que contra Rusia, frente a Alemania salió lo mejor de nuestro juego en la segunda parte. Ataques rápidos, directos, entradas por banda... Sensación de dominio apabullante frente a un supuesto gigante que dio sensación de bajar los brazos antes de tiempo. Éramos mejores y creábamos peligro, pero no lograbamos rematar, no lograbamos conseguir ese segundo gol que diera la tranquilidad. Había ese nerviosismo, ese típico miedo tan nuestro a que en el último momento nos marcaran un gol que forzara la prórroga. Esa sempiterna sensación de fracaso que llevamos pegada a la piel, y que conozco tan bien.
Pero esta vez ganamos. Sin agobios al final, como si Alemania reconociera que sólo merecíamos ganar nosotros. Ellos tenían las mentes en otro campo de fútbol mucho antes de que el partido acabara. Mientras ellos se iban al túnel de vestuarios, España entera, en Madrid, en Viena, en Oviedo, Jaén, Barcelona, Tolosa, allí donde hubiera un español, saltó. Saltó y se abrazó. Abrazos, besos, abrazos, fotos, brindis al sol, y más abrazos. Abrazos en rojo gualda, abrazos huecos, no como los que querría darte. Cien abrazos dados, y en todos, pensando que el siguiente ojalá fuera a ti. Ese abrazo hubiera sido más valioso, más apasionado, que el de Iker Casillas a esa copa.
España ganó ayer, ya somos campeones de Europa de nuevo. Pero la sensación sigue siendo que cada día lejos de ti es una derrota. Un partido perdido antes de que el balón, siquiera, empiece a rodar por el césped.
viernes, 27 de junio de 2008
Tocando la gloria con los dedos
A un pasito estamos de ser campeones de la Eurocopa. Sólo hay que ganar a Alemania, cosa que se dice pronto, pero como que no es tan fácil como parece. Al menos, un paseito contra Rusia nos hemos dado.
Por cierto, y sólo por echar leña al fuego: Villa y Torres no han marcado desde los dos primeros partidos, ni han dado un pase de gol, ni nada de nada, oiga. Así que los defensores de Raúl, entre los que no me encuentro, todavía tendrían argumentos para su eterno debate.
El subidón que me llevé contra Italia fue mucho mayor que el de ayer, pero mucho mejor. Esta vez fue agradable, cierto, pero nada que no hubiera vivido antes.
El domingo contra Alemania será la hora de la verdad. El cielo de los justos o el Olimpo de los dioses. Aunque llegar hasta aquí ya es un exitazo, no lo olvidemos.
Si ganamos, sospecharé que las competiciones internacionales es el auténtico pan y circo, amañadas para alegrar a países cuya economía es espantosa y evitar que se echen a la calle con escopetas.
Zapatero, tienes suerte hasta con las crisis!
Por cierto, y sólo por echar leña al fuego: Villa y Torres no han marcado desde los dos primeros partidos, ni han dado un pase de gol, ni nada de nada, oiga. Así que los defensores de Raúl, entre los que no me encuentro, todavía tendrían argumentos para su eterno debate.
El subidón que me llevé contra Italia fue mucho mayor que el de ayer, pero mucho mejor. Esta vez fue agradable, cierto, pero nada que no hubiera vivido antes.
El domingo contra Alemania será la hora de la verdad. El cielo de los justos o el Olimpo de los dioses. Aunque llegar hasta aquí ya es un exitazo, no lo olvidemos.
Si ganamos, sospecharé que las competiciones internacionales es el auténtico pan y circo, amañadas para alegrar a países cuya economía es espantosa y evitar que se echen a la calle con escopetas.
Zapatero, tienes suerte hasta con las crisis!
lunes, 23 de junio de 2008
Ya era hora!
Que tensión en estos partidos, qué sufrimiento. Todo el partido merodeando por el campo italiano, teniendo ocasiones más o menos claras. Incluso, con alguna buena intervención de Casillas. Todo el partido mereciendo ganar, pero sabiendo que los de enfrente son malos, sí, pero aunque vayan de blanco son la selección azzura, los italianos, el equipo con más oficio de cualquier campeonato. Los que no hacen nada más que plantar un muro defensivo que riete tu de la defensa de Montecasino. Pero ganan siempre. Y enfrente, España. La selección a la que los cuartos de final le da igual contra quien sean, porque su rival son siempre ellos mismos. Leer cuartos de final y bloquearse es todo uno. Siempre parece que merecemos ganar, sí, como contra Italia en el 94, donde Salinas falló lo infallable, Baggio metió lo que tenía que meter y Luis Enrique lo único que pudo hacer es sangrar como un cerdo degollado en el codazo de Tassoti. Vengar la historia o repetirla.
El caso es que esta vez sí que nos lo merecimos. El peso del partido, el balón, las ocasiones eran de España. Quitando dos remates italianos, el resto ocasiones y ocasiones españolas, a pesar de que Villa y Torres no han estado especialmente finos. Ni Güiza. Pero Silva, Cazorla, Senna, han disfrutado de ocasiones en las que el gol podría haber llegado.
En vez del gol han llegado los penalties, en los que ya no era la tensión de estar de pie, no, yo ya tenía que estar dando saltitos de la tensión que tenía encima. Saltos, saltos, y más saltos. Y ver a Villa acomodar la pelota, mirar a Buffon, largo como es, porterazo como pocos. Y verle marcar, correr, permitirnos soñar con el primer penalty. Y ver al italiano marcar, pero por poco. Luego cogió el balón Cazorla. Debutante con España en esta eurocopa, con poca competición internacional a sus espaldas. Me daba miedo. Pero Cazorla tiene madera de grande, y debiera dar el salto a ese Madrid que le acogería con los brazos abiertos. Su frialdad en el penalty lo demuestra, gran jugador el que tiene la responsabilidad en sus botas, un portero enorme y no duda. Al contrario que el italiano, que vio a Casillas y la portería empezó a hacerse pequeña, muy pequeña. Falló, o paró iker, la eterna duda.
Senna fue el siguiente ( o fue antes? ), y ejecutó también perfectamente a Buffon, cerrando un partido casi perfecto ( lástima el tiro que se le fue a Buffon y dio en el palo ). Otro gran jugador con poco nombre, pero que ha demostrado como defender y comenzar el juego perfectamente. Un italiano marcó, pero por poco. 3-2
Güiza cogió la pelota y, al ponerla en el punto de penalty, Buffón creció y el marco se redujo hasta el infinito. Falló. Pero Iker, otra vez Iker, siempre Iker, paró el penalty italiano. Di Natale, creo. Al que ya paró una clamorosa ocación antes, el que lesionado fuera del campo se metió dentro para perder tiempo. Por listo. Que se consuele en el avión.
3-2 y últimos lanzadores. Si marcaba Cesc, ganábamos. Y Cesc no falló. 4-2, semifinalistas. Que corto suena, que bien suena.
Y saltos, abrazos y más abrazos. Porque lo merecíamos, porque esos 11 tipos en pantalón corto nos han mantenido pegados a la tele, sufriendo. Sabiendo que merecíamos ganar, pero pensando, en cada momento, que podíamos perder. Esta vez perdió Italia. Abrazos, alegría. Bocinas y petardos por la calle. Noche en la que la crisis se queda a un lado, el congreso del PP a otro, y que da igual que Alonso haya hecho una carrera patética, que Pedrosa no pueda adelantar a Rossi. Hoy el euribor podría haber llegado al 10% y a nadie le hubiera importado. Porque somos semifinalistas después de años y años. Por fin podremos ver en la tele, en color, a nuestra selección de fútbol dejándose la piel contra Rusia, luchando por una histórica final.
Es sólo fútbol, pero todo un país ha saltado en el mismo momento por algo.
El caso es que esta vez sí que nos lo merecimos. El peso del partido, el balón, las ocasiones eran de España. Quitando dos remates italianos, el resto ocasiones y ocasiones españolas, a pesar de que Villa y Torres no han estado especialmente finos. Ni Güiza. Pero Silva, Cazorla, Senna, han disfrutado de ocasiones en las que el gol podría haber llegado.
En vez del gol han llegado los penalties, en los que ya no era la tensión de estar de pie, no, yo ya tenía que estar dando saltitos de la tensión que tenía encima. Saltos, saltos, y más saltos. Y ver a Villa acomodar la pelota, mirar a Buffon, largo como es, porterazo como pocos. Y verle marcar, correr, permitirnos soñar con el primer penalty. Y ver al italiano marcar, pero por poco. Luego cogió el balón Cazorla. Debutante con España en esta eurocopa, con poca competición internacional a sus espaldas. Me daba miedo. Pero Cazorla tiene madera de grande, y debiera dar el salto a ese Madrid que le acogería con los brazos abiertos. Su frialdad en el penalty lo demuestra, gran jugador el que tiene la responsabilidad en sus botas, un portero enorme y no duda. Al contrario que el italiano, que vio a Casillas y la portería empezó a hacerse pequeña, muy pequeña. Falló, o paró iker, la eterna duda.
Senna fue el siguiente ( o fue antes? ), y ejecutó también perfectamente a Buffon, cerrando un partido casi perfecto ( lástima el tiro que se le fue a Buffon y dio en el palo ). Otro gran jugador con poco nombre, pero que ha demostrado como defender y comenzar el juego perfectamente. Un italiano marcó, pero por poco. 3-2
Güiza cogió la pelota y, al ponerla en el punto de penalty, Buffón creció y el marco se redujo hasta el infinito. Falló. Pero Iker, otra vez Iker, siempre Iker, paró el penalty italiano. Di Natale, creo. Al que ya paró una clamorosa ocación antes, el que lesionado fuera del campo se metió dentro para perder tiempo. Por listo. Que se consuele en el avión.
3-2 y últimos lanzadores. Si marcaba Cesc, ganábamos. Y Cesc no falló. 4-2, semifinalistas. Que corto suena, que bien suena.
Y saltos, abrazos y más abrazos. Porque lo merecíamos, porque esos 11 tipos en pantalón corto nos han mantenido pegados a la tele, sufriendo. Sabiendo que merecíamos ganar, pero pensando, en cada momento, que podíamos perder. Esta vez perdió Italia. Abrazos, alegría. Bocinas y petardos por la calle. Noche en la que la crisis se queda a un lado, el congreso del PP a otro, y que da igual que Alonso haya hecho una carrera patética, que Pedrosa no pueda adelantar a Rossi. Hoy el euribor podría haber llegado al 10% y a nadie le hubiera importado. Porque somos semifinalistas después de años y años. Por fin podremos ver en la tele, en color, a nuestra selección de fútbol dejándose la piel contra Rusia, luchando por una histórica final.
Es sólo fútbol, pero todo un país ha saltado en el mismo momento por algo.
jueves, 29 de mayo de 2008
Chartres
Por estos avatares de la vida, hoy he acabado solo en la catedral de Chartres durante unos minutos de la misa, cerca del cierre. Allí estaba, en la penumbra, acompañado por los cánticos de la misa. Rodeado de unas cuantas velas y escoltado por algunos de los mejores rosetones del planeta.
En semanas como ésta, en las que lo que te ronda la cabeza no es precisamente si Ronaldo ficha por el Madrid o si Losantos pierde su juicio, es cuando entiendes más que nunca la utilidad de la religión. No hablo de si es cierto o no, ni de cuál es la verdadera. No. Me refiero a esa tranquilidad que da tener alguien que sabes que siempre está ahí, escuchandote, que puede cumplir todo aquello que se le pide.
Tener ese ser superior quizás fuera lo que nos inventamos hace siglos ( sino existiera ) para justificar lo que no entendíamos, pero también para quitarnos la sensación de impotencia, de agobio, de no poder hacer algo. Siempre, en cualquier circunstancia, la religión permite tener ese sitio al que acudir, permite que, por muy perdida que parezca la causa, siempre quede un rayo de esperanza. Un sitio al que acudir. Una figura a la que llorar.
Muchas veces eso es todo lo que necesitamos.
Hoy he vuelto a "hablar" con Dios en una iglesia.
En semanas como ésta, en las que lo que te ronda la cabeza no es precisamente si Ronaldo ficha por el Madrid o si Losantos pierde su juicio, es cuando entiendes más que nunca la utilidad de la religión. No hablo de si es cierto o no, ni de cuál es la verdadera. No. Me refiero a esa tranquilidad que da tener alguien que sabes que siempre está ahí, escuchandote, que puede cumplir todo aquello que se le pide.
Tener ese ser superior quizás fuera lo que nos inventamos hace siglos ( sino existiera ) para justificar lo que no entendíamos, pero también para quitarnos la sensación de impotencia, de agobio, de no poder hacer algo. Siempre, en cualquier circunstancia, la religión permite tener ese sitio al que acudir, permite que, por muy perdida que parezca la causa, siempre quede un rayo de esperanza. Un sitio al que acudir. Una figura a la que llorar.
Muchas veces eso es todo lo que necesitamos.
Hoy he vuelto a "hablar" con Dios en una iglesia.
domingo, 11 de marzo de 2007
Defendiendo la libertad de de Juana Chaos
Ayer estuve con Nacho en la manifestación convocada por Rajoy para protestar por la medida de gracia tomada con De Juana Chaos, el valiente luchador revolucionario y aguerrido defensor de las libertades y derechos del oprimido pueblo vasco.
Y es que hay que protestar. Es vergonzoso que una persona tan noble, capaz de acabar con tantos opresores y autor de algunas de las más bellas líneas jamás escritas en defensa de la libertad haya sido sometida a la opresión del estado. Este estado fascista en el que vivimos ha decidido suprimirle su libertad a elegir lo que quiere hacer con su vida. Si el héroe vasco tomó la decisión de dejarse morir de hambre, el gobierno no es nadie para obligar a seguir vivo. Si decidió que prefería morir a poder ser trasladado a su casa para acabar de cumplir su condena, hay que acatar su decisión.
Dicho de otra forma, es vergonzoso que el gobierno de un país democrático claudique ante una huelga de hambre, sea de un etarra, de un carterista, o de los trabajadores de una empresa. Ha sentado un terrible precedente, y ha demostrado una debilidad como jamás se había visto en la democracia.
Y es que hay que protestar. Es vergonzoso que una persona tan noble, capaz de acabar con tantos opresores y autor de algunas de las más bellas líneas jamás escritas en defensa de la libertad haya sido sometida a la opresión del estado. Este estado fascista en el que vivimos ha decidido suprimirle su libertad a elegir lo que quiere hacer con su vida. Si el héroe vasco tomó la decisión de dejarse morir de hambre, el gobierno no es nadie para obligar a seguir vivo. Si decidió que prefería morir a poder ser trasladado a su casa para acabar de cumplir su condena, hay que acatar su decisión.
Dicho de otra forma, es vergonzoso que el gobierno de un país democrático claudique ante una huelga de hambre, sea de un etarra, de un carterista, o de los trabajadores de una empresa. Ha sentado un terrible precedente, y ha demostrado una debilidad como jamás se había visto en la democracia.
domingo, 8 de octubre de 2006
Cumpleaños de Lara y Puce
Iba a comentar todo como siempre, pero voy a centrarme en dos o tres cosillas, porque me da pereza comentar siempre de la misma forma. Lo primero es que, además de los regalos medio absurdos, se les hizo a cada uno un regalo muy bueno: una camiseta diseñada por Luisli. La de Puce era la cara de Groucho Marx en blanco y negro, con un aspecto muy profesional. La de Lara, era más graciosa. Era una señal de manguera de incendios, con manguera traducido a diversos idiomas. Un regalo muy personalizado, desde luego. La lástima es que al imprimir el diseño había parte que se había perdido (según decía el creador, no se notaba).
Lo que más me llamó la atención de la noche fue ver que ya hay otro miembro de la Fuentecilla que va a tener hipoteca. Javi (and girlfriend) va a comprarse un piso en Colmenar Viejo. Es de protección oficial, o pública, o algo así, así que la relación entre el precio y los metros era muy buena. Si no recuerdo mal, es compra sobre plano, así que aún le queda un poco hasta que lo tenga.
Y del resto de la noche, un resumen rápido: estuvo divertido, y pasamos, después de mucho tiempo, por la Vía Lactea.
Por cierto, lo único que voy a decir de la selección española, es que me alegré con el primer gol de Suecia.
Y nada más, que esta semana parece que hay un día de fiesta con el que no contaba, lo cual me llena de orgullo y satisfacción.
Lo que más me llamó la atención de la noche fue ver que ya hay otro miembro de la Fuentecilla que va a tener hipoteca. Javi (and girlfriend) va a comprarse un piso en Colmenar Viejo. Es de protección oficial, o pública, o algo así, así que la relación entre el precio y los metros era muy buena. Si no recuerdo mal, es compra sobre plano, así que aún le queda un poco hasta que lo tenga.
Y del resto de la noche, un resumen rápido: estuvo divertido, y pasamos, después de mucho tiempo, por la Vía Lactea.
Por cierto, lo único que voy a decir de la selección española, es que me alegré con el primer gol de Suecia.
Y nada más, que esta semana parece que hay un día de fiesta con el que no contaba, lo cual me llena de orgullo y satisfacción.
domingo, 3 de septiembre de 2006
Campeones del mundo
Nuestra selección de baloncesto llevaba varios años merodeando las zonas altas en las grandes citas, pero por una u otra razón, nunca lográbamos llevarnos el oro a casa. Hoy, y en un mundial, lo hemos conseguido.
Si no fuera porque era una final, el partido habría carecido de emoción: España ha arrollado a Grecia, casi doblándola en puntos en el descanso. En la segunda parte han bajado el ritmo, pero no han dejado que la distancia se redujera en ningún momento.
España ha jugado sin Gasol, como en el último europeo. Al igual que entonces, me gusta más el juego cuando él no está. No hay una estrella, por lo que todos tienen que trabajar más y asumir más riesgos. Y se ven obligados a defender como hoy, que no han dado respiro a los griegos. Además, con una defensa muy trabajada tácticamente, porque apenas han hecho falta. Un gran trabajo del entrenador, sin duda.
Y hablando de Pepu, me quito el sombrero por este hombre. Acabo de leer que su padre había fallecido horas antes de empezar el partido y aún así se ha podido sentar y trabajar sin habérselo dicho a nadie. Por eso estaba tan emocionado en el podio. No dijo nada a sus jugadores para que vivieran la fiesta de la final sin ninguna preocupación adicional, sin querer llevarse él ningún protagonismo. Si en este mundial se diera el trofeo de la deportividad, para él enterito.
Y el año que viene, europeo de baloncesto en Madrid. Sin Argentina ni EEUU, nadie debería bajarnos de nuestro puesto.
Si no fuera porque era una final, el partido habría carecido de emoción: España ha arrollado a Grecia, casi doblándola en puntos en el descanso. En la segunda parte han bajado el ritmo, pero no han dejado que la distancia se redujera en ningún momento.
España ha jugado sin Gasol, como en el último europeo. Al igual que entonces, me gusta más el juego cuando él no está. No hay una estrella, por lo que todos tienen que trabajar más y asumir más riesgos. Y se ven obligados a defender como hoy, que no han dado respiro a los griegos. Además, con una defensa muy trabajada tácticamente, porque apenas han hecho falta. Un gran trabajo del entrenador, sin duda.
Y hablando de Pepu, me quito el sombrero por este hombre. Acabo de leer que su padre había fallecido horas antes de empezar el partido y aún así se ha podido sentar y trabajar sin habérselo dicho a nadie. Por eso estaba tan emocionado en el podio. No dijo nada a sus jugadores para que vivieran la fiesta de la final sin ninguna preocupación adicional, sin querer llevarse él ningún protagonismo. Si en este mundial se diera el trofeo de la deportividad, para él enterito.
Y el año que viene, europeo de baloncesto en Madrid. Sin Argentina ni EEUU, nadie debería bajarnos de nuestro puesto.
martes, 27 de junio de 2006
Otro año más
Pues igual que nosotros nos quedamos a las primeras de cambio, España ha hecho lo habitual en un mundial. El As parece que culpa al árbitro, por perdonar una expulsión al gabacho de la cicatriz y por la falta que precedió al segundo gol, pero la culpa fue enteramente nuestra.
Primero, de Aragonés por no llevar a un delantero centro de verdad en la convocatoria, para poder colgar balones en esos minutos finales. Segundo, de Aragonés, por llevar a Torres, paquete que solo sabe correr, pero ni regatea, ni sabe pasar ni tira bien. Una lacra.
Seguiría insultando a todos los jugadores, porque no se ha salvado ninguno. Maldita panda de haraganes. Entre eso, y el simiesco borracho que es Aragonés, hala, a casita.
De nuevo este año habrá que confiar en el baloncesto.
Primero, de Aragonés por no llevar a un delantero centro de verdad en la convocatoria, para poder colgar balones en esos minutos finales. Segundo, de Aragonés, por llevar a Torres, paquete que solo sabe correr, pero ni regatea, ni sabe pasar ni tira bien. Una lacra.
Seguiría insultando a todos los jugadores, porque no se ha salvado ninguno. Maldita panda de haraganes. Entre eso, y el simiesco borracho que es Aragonés, hala, a casita.
De nuevo este año habrá que confiar en el baloncesto.
miércoles, 14 de junio de 2006
Y si esta vez sí?
Estoy muy sorprendido con España. Goleamos y jugamos bien, lo que yo nunca había visto en un Mundial. En Corea hubo buenos momentos, pero sin llegar a lo que hemos hecho hoy. Toques, toques y más toques. El auténtico "jogo bonito", y no la tontería que hace Brasil, que es lo mismo que intentaba Luxemburgo en el Madrid.
Supongo que acabaremos cayendo en algún momento de forma absurda, como siempre,
pero oye, quien sabe si ya ha llegado el momento de que ganemos una competición internacional.
Y si España tiene opciones de acabar el Mundial, también las tenemos nosotros de hacer los 100 kms en 24 horas. Que no se diga. A la tercera va la vencida.
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