Antes de empezar, sólo una cosa: amable vecino, yo también le quiero, y, si nos matamos en Berlín como es probable, que sepa que desde el anillo del infierno que me corresponda ( el de los frikies, donde solo hay coliflores y coca cola light) le estaré protegiendo como considere conveniente. Por otra parte, el que piense que con tu post estabas insultando a la cultura árabe, pues ya sabe lo que toca: aprender a leer de nuevo. A pesar de eso, digo una cosa, que la alianza de civilizaciones es una soplapollez como un castillo. Eso ya lo debatiremos en otro momento, que hoy es día de contar cosas buenas y despedirnos antes del primer post desde la capital germana, si es que encuentro internete desde allí mientras el resto de la gente corre alrededor de parques llenos de suevos, bárbaros y alanos.
El caso es que ayer fuimos a ver la peli de los Simpsons: tal y como era esperable, es un capítulo largo, pero me rei bastante, por lo que valió la pena ir. Para los que no hayan ido aún, recomiendo esperar hasta el final de los títulos de crédito, que tienen canciones, personajes y chorraditas. De la película, lo mejor, sin duda, la escena inicial. Qué cabrones son a veces y que ironía más sutil, jeje. Y ¡que viva Spider-cerdo!
Después de los Simpsons, fuimos, como no, a la casa que se ha convertido en nuestro cuartel de operaciones este verano. Había que ir, a pesar de no tener hecho el equipaje, porque había que celebrar a las 00:00:00.001 el cumpleaños de la bella Ch. Infinitas felicidades desde aquí y todas esas cosas que se dicen y que, como ya te las he dicho, pues no voy a repetirme. Esperemos que este nuevo año tuyo valga la pena. Por mi parte, prometo hacer lo posible para que sea así ;-)
Así que a la cada día más anciana y más hermosa damisela la pusimos una preciosa tarta con muchas velas (no se revela la edad de las mujeres, que algunas se enojan) de las que un tercio eran de las que vuelven a encenderse solas. Y funcionan extremadamente bien, las jodías. Vamos, que no hay forma de apagarlas más que quitándolas todo el oxígeno de alrededor y metiéndolas en tres litros de agua destilada. La tarta que llevamos no es que valiera mucho, la verdad, pero lo importante es el gesto. También habían intentado hacerla un brownie, pero digamos que la levadura que utilizaron provocó una pequeña catástrofe. Pero vamos, que fiestecilla de cumpleaños, con velas, tarta, helado y platos en los que ponía Happy Birthday los tuvo. Y amigos cantando, por supuesto. Faltaría más.
Después de eso, probamos el nuevo juego friki adquirido:
Ciudadelas. Al menos la primera partida, aunque fuimos lentos por nuestra ignorancia de las reglas, nos permitió ver que es un juego en el que se acumulan odios, lo que le hace buen candidato para triunfar en posteriores encuentros. Además, permite ocho jugadores y es una baraja, así que es ideal para liberar tensión en las tierras donde Carlos I fue emperador y se le conocía como Carlos V.
Y nada más, porque después que el hombre cuyo pelo hace que parezca una mujer ganara, nos fuimos a casita, que ya eran las tres de la mañana y hay rumores, cada vez mas insistentes, que dicen que dormir es bueno y muy recomendable. Algún día habrá que ver que tienen de ciertas dichas habladurías, pero me temo que no será hoy.
Por si no logro encontrar internet a precio barato por esas tierras, un besito para todos y que sepais que, aunque no escriba, os sigo queriendo a todos. Menos a ti, y sabes quien eres. Sí, tu. Y sabes muy bien por qué. ;-)