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jueves, 17 de junio de 2010

Los ojos que ya no me miran



Cada vez recuerdo menos tus ojos y más tus párpados cerrados, dormida. Tus miradas, se convierten en recuerdo lejano, perdido en el tiempo. Creías que había algo dentro de mi valioso, hasta que descubriste la realidad y lo que soy por dentro. Recuerdo como escrutinabas todos los pliegues de mi alma, de mi piel y de mis sueños buscando algo que mantuviera en pie tu fe y tus ilusiones. Al final, solo pozos secos, promesas incumplidas, carteles llamativos para realidades vergonzosas.

Se cerraron tus ojos y se alejaron, dejandome ciego.

Ya no puedo ver tus ojos, ya no puedo abrir los míos.

Ya no puedo.

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( Jorge, recuerdas los ojos? )

domingo, 28 de febrero de 2010

El fin del mundo

Ahora mismo, al mundo le queda media hora para acabarse. Hace meses que asumimos el desastre, después de que todos los intentos por evitarlo fueran baldíos. Nada va a quedar de nosotros, ni rastro del planeta, ni un superviviente. Todo el mal que podamos hacer, va a desaparecer de golpe, como el que mata a un mosquito de un manotazo. Algo así nos va a hacer el cosmos: paf. Y nada quedará o, lo que quede, nos dará igual, puesto que ya no estaremos aquí.

El último año ha sido de subsistencia: ¿ quién iba a seguir trabajando cuando el mundo iba a acabarse ? ¿ Quién iba a dedicarse a cualquier tarea rutinaria ?
En las películas siempre se representaba a todo el mundo viendo el fin del mundo por televisión. En la realidad, la televisión desapareció al principio. Es probable que algún periodista quisiera estar ahí, contarle al pueblo el final y sentir el orgullo de narrarlo, pero desde luego los técnicos no estaban ahí. Tampoco los encargados de mantener el suministro eléctrico, claro. Ni los policías que podrían haberlos obligado a trabajar. Nadie. Todo el mundo, poco a poco, se dio cuenta que trabajar para ganar un sueldo que nunca iba a poder gastarse no tenía sentido. Una vez los políticos anunciaron que no se podía hacer nada, el mundo se detuvo. Se perdió la esperanza y solo quedó pensar en como aprovechar los últimos meses.

Sí, hubo saqueos, nadie podía esperar otra cosa. Había que comer algo hasta que el mundo se acabara, y nadie iba a ponerse a cultivar para el resto. Recuerdo los saqueos, los disparos, las explosiones. Hubo muchos muertos. Los que sobrevivíamos nos alegrábamos cínicamente, porque eso significaba más comida disponible para nosotros. Hubo un momento en que esto también concluyó. Debía tener todo el mundo provisiones para el tiempo restante, así que seguir robando era innecesario. Aunque decir robando cuando no queda ley es algo exagerado.

Había violaciones, había pandillas dominando zonas, había mucho miedo en el ambiente, pero, poco a poco, fue desapareciendo. El miedo solo existe si hay un futuro por delante, y todo el planeta sabía que no lo había. Daba igual morir en ese momento que meses después, era inevitable. Así que las propias bandas se fueron disgregando. Los jefes se quedaron sin nadie a quien dar órdenes y, muchas veces, perecieron a manos de los que eran sus subalternos.

La anarquía inicial dio paso a un nuevo orden. Un orden sin reglas, pero basado en el respeto mutuo. Todos estábamos en el corredor de la muerte, no había mayor necesidad de fastidiarnos unos a otros. En cierto modo, la vida mejoró. Hubo una necesidad vital de mucha gente de cumplir sueños olvidados que se veían imposibles: viajes a otras partes del mundo, lecturas perdidas, paisajes añorados. Las carreteras se llenaron de gente que iba de un lado a otro, andando, a caballo, en coches hasta que se quedaban sin gasolina.

Además, hubo un nuevo sentimiento general, unas ganas de hacer fáciles nuestros últimos días. Hubo gente que decidió volcarse a los demás, actuar, cocinar, explicar la cultura clásica, hacer de guía turístico, enseñar a pintar…
El mundo volvió a convertirse en un sitio donde se podía vivir, aún sabiendo que la vida iba a extinguirse en breve, una hora y un día determinados.
Ahora, que hemos conseguido el planeta más humano posible, todo va a finalizar en treinta minutos. Todo el mundo está en la calle, abrazado, despidiéndose. Descorchando las últimas botellas guardadas para la ocasión.
Yo estoy en casa, haciendo lo que el último año. Intentar acabar este puzzle gigantesco. Odio al universo. No me va a dar tiempo a acabarlo.

lunes, 18 de enero de 2010

sueños infantiles

La profesora quería que los niños escribieran algo más original que sus habituales redacciones de las vacaciones, así que les pidió que, durante la clase de ese día, escribieran un sueño que hubieran tenido. Mientras todo los niños sacaban los bolis y las hojas, en la última fila, un niño, sentado al lado de la ventana, empezó a ponerse nervioso. No recordaba ninguno de sus sueños y los nervios no le ayudaban. Sus compañeros escribían cuentos de animales extraños, héroes, y él, delante del folio vacío, no sabía que hacer. Así que hizo lo único que se le ocurrió para recordar un sueño que contar: dormirse.

Años después, aún seguía preguntandose porqué la profesora se había enfadado tanto de que se esforzara por hacerla caso. 

sábado, 16 de enero de 2010

Paisajes que nadie podrá ver

Un paisaje arrasado y desolado a mi alrededor. Todo el espacio que mi vista abarca, es un infinito erial de polvo y desolación. Este es el monumento al progreso en el que hemos convertido al planeta. Recuerdo todos nuestros sueños pretéritos, los comparo con aquello que contemplo. Lloro. Es un engorro cuando llevas puesta la máscara que hace falta para respirar en la superficie.

Nadie tiene muy claro en que momento nos refugiamos en las cuevas. ¿ Fue durante las guerras nucleares ? ¿ Cuando dejó de haber agua fluyendo por los ríos y toda la vegetación se convirtió en un mero recuerdo ? ¿ Cuando las plantas al desaparecer dejaron de generar el oxígeno que necesitábamos ? La superficie se convirtió en una zona inhóspita, abandonada, donde nada se hacía y nada se esperaba. Los restos de la civilización los había extinguido el agresivo viento que las cada vez más habituales tormentas de arena levantaban. Nada vivo y pluricelular podrá vivir aquí hasta dentro de miles de años.

Habíamos quemado el planeta, habíamos extinguido millones de formas de vida. Somos unos pocos miles los que quedamos, viviendo de esta forma precaria y casi post-apocalíptica, meros supervivientes de una raza condenada. Hace siglos cometimos dos errores: nos olvidamos de preservar nuestro mundo y abandonamos la idea de colonizar ese mundo cercano, con posibilidades, que es la Tierra. Marte se nos murió entre las manos...

viernes, 8 de enero de 2010

Noche de reyes ( y 3 )r

El niño había sido bueno durante todo el año. Un alumno ejemplar, chico de notas altas constantes. Estudioso hasta el exceso, obediente en casa, diligente en el colegio. El hijo que cualquier padre querría tener.

Así que los reyes magos, cuando recibieron su carta, no tuvieron más remedio que atenderla. Era una petición extraña, así que tuvieron que releer la carta varias veces. No había lugar dudas, y no podían culpar a la letra del crío, que se había tomado la molestia de escribirla con un ordenador. No podían equivocarse, pero iban a tener que remover cielo y tierra para conseguir lo que el chaval les había pedido.

Melchor recorrió todas las tiendas de la calle Serrano, pensando que en su exclusividad podría encontrar lo que buscaba. En todas se deshacían en halagos e intentaban venderle artículos de lujo, joyas excelsas, caras exquisiteces. Nada se parecía a lo que buscaba.

Gaspar, se fue a las tiendas humildes, a los bazares chinos que llenaban Madrid, a las jugueterías tradicionales, a las tiendas de segunda mano, a los todo a cien... La gente le miraba sorprendida, pero no era capaz de ayudarle, a pesar de lo que se esforzaban. Alguno cerró su tienda para acompañarle incluso en su periplo. Nada.

Baltasar siempre había sido el más avanzado de los tres, así que se quedó en casa, con el ordenador, recorriendo internet de un extremo al otro. Si algo puede encontrarse, si algo puede comprarse, alguien lo estaría vendiendo ya en internet, desde cualquier esquina del mundo. Varias páginas falsas después y decenas de ventanas de publicidad cerradas, la búsqueda seguía en su sitio inicial.

Con la noche de reyes ya demasiado cerca como para seguir dando palos de ciego, los reyes decidieron que sólo había una forma de saber lo que tenían que poner en la caja. Melchor se fue a hablar con los compañeros de clase del chaval, Gaspar con los niños del vecindario, Baltasar con sus primos.

Cuando el día de reyes el reloj dio las ocho, la hora a la que su madre le había autorizado a despertarse, el niño, ilusionado como pocas veces, corrió hacia el salón. Un grito brotó de su garganta cuando vio el enorme paquete que había llenando la mitad de la estancia. Era más alto que él, y llegaba casi de una pared a la otra. Una cinta caía tentandole a tirar de ella y abrirlo.

Eso hizo, y, mientras las paredes de cartón del paquete se desmoronaban, su verdadero regalo empezó a salir y felicitarle. De uno en uno, una larga fila de compañeros de su clase le abrazaban, bromeaban con él, le proponían juegos, detrás iban algunos de sus vecinos, e incluso dos de sus primos... 

En el suelo, pisoteada por el tumulto, una nota: "Los amigos que querías. Disfrutalos" Firmado M., G. , B. 

Los padres del resto de niños se levantaron preocupados cuando no vieron a sus hijos en casa, pero después, cuando escucharon la historia entera, entendieron que sus hijos habían hecho más de lo que ellos podrían encontrar nunca en un escaparate.

Noches de reyes ( 2 )

Se fue de la cabalgata antes de que acabara. No era sólo que la multitud le agobiara, era que aún tenía compras que hacer. La verdad es que para los empleados será una faena, pero para la gente como él, que los grandes almacenes abrieran hasta media noche era un regalo del cielo.

Atravesó el gentío que colapsaba la calle Alcalá, y logró deslizarse entre el amasijo de brazos y piernas que era toda la puerta del Sol. Entrar en el Corte Inglés fue más difícil, la entrada estaba totalmente bloqueada. Menos mal que sabía donde iba, lo que a ella le gustaba, lo que iba a comprarla. Subió por las escaleras mecánicas hasta la última planta, y fue bajando de una en una, comprando prácticamente un artículo en cada piso, perdiendo demasiado tiempo en cada cola, en cada caja. Cuando volvió a la puerta por la que había entrado, llevaba los brazos llenos de bolsas repletas de regalos para ella, una combinación casi perfecta, una lista pensada y pulida durante semanas. El ir el último día le había obligado a cambiar un libro por otro, pero seguía estando contento con sus compras.

En el metro, rodeado de otros tantos como él, iba feliz. Radiaba esa felicidad del que sabe que ha hecho todo lo posible y se lo van a reconocer. Le faltaba sonreir a todo el que entraba, y desearle feliz navidad.

Abrió el portal con cuidado, casi temeroso de despertar a algún vecino. No quería ser el que despertara a los hijos de los vecinos en su noche más especial. Y si había abierto la puerta de la calle con delicadeza, la de su casa fue casi un trabajo artístico. Estaba convencido de que la alarma no habría sonado de haber estado activada.

En el suelo desnudo del salón dejó sus zapatos y, al lado, la pila de regalos que la había comprado, para que lo viera nada más despertarse. Se fue, de puntillas, a la cama, y se durmió encima de la sábana, para no molestarla.

Al despertar, vio que ella no estaba ya en la cama, y se fue al salón, donde vio todo tal y como lo había dejado la noche anterior: sus zapatos, silenciosos, en un rincón. Los regalos que había comprado el día de antes, amontonados y tristes sobre el frío suelo.

Y entonces, sólo entonces, fue cuando se acordó, como cada mañana, que ella se había ido hacía semanas, que no iba a volver a dormir a su lado, a compartir su desayuno, a desembalar sus regalos.

Los paquetes se quedaron en el mismo sitio durante meses, esperando alguien que quisiera recibirlos. Un día se esfumaron sin previo aviso y nadie se dio cuenta. 

viernes, 25 de diciembre de 2009

Cuento de Navidad ( 2.0 )


Hace años, los niños escribían cartas contando lo buenos que habían sido, como habían ayudado a sus padres, que regalos se merecían. Hoy en día, Papa Noel y los Reyes Magos tienen cuenta en facebook, los niños les mandan privados con peticiones, y se etiquetan en fotos donde figuran los regalos que quieren.

Sí, es mucho más impersonal, pero los reyes reconocen ahorrarse mucho trabajo. 

jueves, 24 de diciembre de 2009

Cuento de ( generosa ) Navidad


Scrooge era un bastardo, alguien a quien los niños temían, las mujeres insultaban, los hombres odiaban. Y, después de una noche, una mísera noche y dos gestos triviales, se convirtió en un héroe de la sociedad, un hombre respetable y respetado. Todo, a cambio de comprar a esa sociedad, donando dinero a unos pobres, dinero que le sobraba; subiendo el sueldo a una cantidad justa a sus asalariados, a un importe que se merecían.

Dickens nos enseñó como se gana el respeto y se genera el amor en este mundo: a cambio de oro.

Y todos vemos la historia, y la aceptamos, maravillados del mensaje...

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Cuento de ( moderna ) Navidad


Las alarmas aullaron desgarrando el silencio de la noche. Los guardas de seguridad, alertados por el sistema de vigilancia automático, salieron corriendo hacia el tejado, mientras se gritaban crípticas consignas por sus radios. Un robo en ese edificio de lujo en Nochebuena sería un escándalo tal que no podrían volver a trabajar en esa ciudad nunca más.

El primer guarda que llegó al tejado, apenas distinguió unas sombras. Pero ahí había alguien. Desenfundó su arma reglamentaria para amenazar a los delincuentes y sentirse seguro. Lo último no lo consiguió. Cuando sus ojos se acostumbraron a la luz, vio, cerca de la zona de chimeneas, a un individuo gordo saliendo de uno de los tubos con un saco gigante al hombro. Le gritó, pero el hombre no pareció hacerle caso. Se dirigió hacia la cornisa, hacia una zona que se escapa del ángulo de visión del guardia. Éste disparó al aire. El hombre siguió ignorandole, indiferente al disparo que despertó a varios niños, ya inquietos, y a todos los padres, sabedores de lo que era esa pequeña detonación.El segundo disparo sí detuvo al ladrón, que cayó desplomado en el suelo, sobre un charco de un rojo aún más vivo que la ropa térmica que llevaba.

Esa noche, muy pocos niños recibieron regalos de Navidad. Gracias a eso, fueron mucho más felices.

martes, 22 de diciembre de 2009

Cuento de ( futura ) Navidad


Cuando el tercer espíritu se fue, Scrooge sonrió. El fantasma de las navidades futuras, la muerte, había venido a amenazarle. Y su amenaza, tan triste, tan vacua, había sido enseñarle su tumba, su lápida. La muerte, tan misteriosa ella, le había dicho la fecha en la que iba a morir. Y quedaban bastantes años. hasta entonces, podría seguir viviendo tranquilo, despreocupado, sabiendo que habría un mañana y otros amaneceres. 

El día de Navidad lo pasó echando cálculos. El siguiente, vendiendo la fábrica. El siguiente, comprando una casa en la Costa del Sol. Allí se fue, solo, aislado del mundo, con la tranquilidad del que lo sabe todo y tiene todo lo que necesita.

Los tres espíritus, todavía, están pensando como actuar en próximas intervenciones. 

lunes, 21 de diciembre de 2009

Cuento de ( anti-) Navidad

Dickens era un cabrón: ridiculizó al pobre Scrooge, un pobre anciano maltratado por la vida, incapaz de levantar la vista del suelo, amargado por los palos que se había ido llevando. Perdió primero a su hermana, la única persona que le hacía caso en su infancia, perdió a su mujer, al amor de su vida que se diluyó entre sus manos. Perdió a su socio, a su mejor amigo, que le dejó solo al frente de una fábrica que era lo único que sentía como algo propio.

Si, suena muy bonito lo de que Scrooge se ponga a donar y compartir. Pero la vida le ha enseñado que, eso, al final, sólo vale para llevarte palos, decepciones y heridas que nunca cierran.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Faceta séptima: padre y esposo ejemplar

Aún no se como conseguí que tu padre se fijara en mi. Había algo en él que me encantaba, no sabría decirte el qué. El resto de hombres de la redacción parecían rudos, agresivos. Tu padre era débil, pero también parecía honesto, caballeroso. Desde el primer día quise salir con él. Pero hija, mi educación no me permitía proponerle una cita. Tardé casi un año en que él me propusiera un plan fuera de la oficina. Sí, era trabajo, pero iríamos solos. Vi una oportunidad. Me vestí de forma totalmente distinta a como iba a la oficina, con un escote provocador, una falda que me quedaba muy bien ( ahora no entraría en ella, seguro! ). Me maquillé. Cuando me vio, se quedó atolondrado. No supo a donde mirarme. Casi en completo silencio durante el viaje, nos fuimos al pueblo donde teníamos que hacer todo ( sí, en el que nos casamos, al que volvemos todos los veranos ), y mientras el hablaba con quien tuviera que hablar, que ya no lo recuerdo, yo vagaba por las callejuelas sacando fotos y pensando en como tomar la iniciativa al volver. No se me ocurría nada. Quería una excusa, y todas me parecían infantiles y absurdas. Mientras pensaba y pensaba, él apareció de nuevo, me llevó a un restaurante ( sí, sí le conoces, el de arriba ), me invitó a comer y tímido como era, se lanzó a la piscina. Abrí tanto los ojos por la sorpresa que antes de poderle responder él ya se estaba disculpando. Se asustó tanto! Tuve que interrumpirle y decirle que sí quería quedar con él casi a gritos. Los de la mesa de al lado me miraron curiosos. En ese momento, después de muchos meses, le vi sonreir de verdad.

No te daré más detalles, porque eres muestra hija y hay cosas que no debes oir, pero tardamos poco en saber que estábamos hechos el uno para el otro. Nos casamos un año después, dos después nació tu hermano, uno después, tú. Hace once años que lleva esa sonrisa siempre con él...

Hija, recuerda que lo más importante es que nadie te quite nunca esa sonrisa de la cara. Nadie. Nunca.

Y un consejo: no seas como tu padre. A él le pagan por hacer largos reportajes de investigación. A ti, te han mandado una redacción sobre tu padre! Y es para mañana!

sábado, 19 de diciembre de 2009

Faceta sexta: El eficiente trabajador

La decisión de contratarle fue mía, sí. Era arriesgada. Sobresalía con respecto a todos los demás, era intuitivo, trabajador... pero le faltaba caracter, le faltaba fuerza. Tenía la impresión de que un día, por algún motivo nimio, se vendría abajo. Por eso no se vino de becario, forcé a recursos humanos para darle un contrato en condiciones. Necesitaba que se sintiera protegido. A lo mejor no era tan débil, pero me lo parecía. A su edad todos nos hemos llevado palos y nos hemos recuperado. A él parecía que uno de los golpes le hubiera dejado algo conmocionado.

Sus primeros meses fueron excepcionales. Ningún novato ha hecho jamás un trabajo de una calidad tan alta como la que él se exigía a sí mismo. Recuerdo un reportaje sobre la vida en un pequeño pueblo donde iba a cerrar la fábrica que era el principal empleador. Su jefe se lo dio por bueno. El decidió redactarlo desde cero otra vez. Su jefe lo aprobó de nuevo, sin entenderlo. Y lo redactó una tercera vez. Era muy difícil tenerlo como subalterno, porque su grado de exigencia luchaba contra las fechas. Parecía nacido para el periodismo de investigación, no para estar en nuestro departamento de noticias locales. El resto de becarios de su edad palidecía a su lado. Algunos le odiaban y, al principio, intentaban ponerle la zancadilla. Pero era en balde.

Sin embargo, seguía sin pertenecer al grupo, no era capaz de integrarse. No le recuerdo tomandose un café con nadie, ni haciendo una broma. Seguía pensando que un día iba a estallar debido a su carácter.

Y uno de esos días en que estaba convencido de que el desastre estaba próximo, contratamos a una fotógrafo en prácticas. Una chica que se esforzaba por disimularse con el entorno, oculta detrás de sus gafas y grandes abrigos. Muy buena mano con la cámara, una técnica excelente. Siempre he querido ver alguna de sus fotos artísticas.

Sí, ese día, tu madre conoció a tu padre.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Faceta quinta: el eterno cobarde

Creo que me lié con él tres meses después de que volviera. No había reparado antes en él, y tampoco es que recuerde como me llamó la atención. Creo que fue una discusión sobre la ética y si había algún límite que no se podía traspasar. Su dialéctica era excepcional, y sus argumentos, amplios, meticulosos. Era un placer oirle hablar. Tampoco estuvimos mucho juntos, cinco meses, quizás seis. Para él yo era su primera relación ( algo que no me extrañó cuando me lo dijo ), para mi, él era una más. No estaba yo con la paciencia necesaria para educarle en ese aspecto.

¿ Sabes ? Creo que nunca estuvo enamorado de mi. Los días entre que le conocí por primera y nuestra primera cita a solas, le recuerdo echando miradas fugitivas a la chica esa que luego se quedó embarazada. Nunca les vi hablar y tampoco vi que ella hacia él hiciera nunca ningún gesto, ni de asco, ni de indiferencia... Nada. Él estaba ahí, incapaz de hacer nada, superado por los acontecimientos.

Le pasó lo mismo conmigo. Yo acababa de dejarlo con uno de industriales. Digamos que yo lucía cornamenta en aquellas fechas. Y deseaba vengarme. Él fue el objetivo fácil. En la primera copa estábamos hablando tranquilamente, en la segunda, le tenía acorralado en una esquina del bar. En la tercera, le besé. Sí, lo hice todo yo. Él se dejó hacer. Creo que si hubiera sido capaz hubiera apartado la cabeza, pero no pudo. Debió asumirlo como un castigo y se dejó llevar. Tuve que llamarle yo después, y no estaba muy deseoso de que quedáramos. Pero prácticamente le obligué. Digamos que le obligué durante todos esos meses. Le hice recogerme, ir a cenar, acostarse conmigo... Estoy convencida de que, si yo no me hubiera hartado, el habría sido incapaz de abandonarme. Podría haberle llevado al altar, habernos ido a vivir a un sitio que él odiara, no se. Pero jamás hubiera sido capaz de levantar la cabeza, alzar la voz y decirme "no".

Era un gran tipo, eso sí. Le faltaba esa fuerza interior, esa confianza. Pero dentro tenía un diamante. Por eso salió de la carrera ya con un gran trabajo mientras los demás nos arrastrábamos de beca en beca.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Faceta cuarta: el constante optimista

Nuestra universidad tiene un programa de acogida de los Erasmus que nos involucra a todos. Es raro que haya algún alumno que antes o después no tenga contacto con alguno. Yo era su "mentor" ( me cuesta tu idioma, permiteme que use alguna palabra que no sea del todo correcta ) y estaba allí cuando se bajó del avión. Creo que se soprendió él más de verme que yo a él. Sí, habíamos intercambiado algún mail concretando los detalles, pero él estaba convencido de que no iba a estar en el aeropuerto esperandole con un cartel, se pensaba que me estaba riendo de él.

Pero allí estaba, y le recuerdo con una sonrisa desde ese momento. Sí, hubo un gesto extraño en ese primer momento, como si hubiera dejado un gran peso detrás. Y me abrazó, lo que pensé que sería habitual en España, así que no le di más importancia. Lo que se es que el año que estuvo aquí, no sólo demostró que sería un periodista excepcional, sino que lo disfrutó cada minuto, casi con ansia. Había veces que nos preguntábamos cuando dormiría. El creo que ni se lo planteaba. Sólo tenía esa necesidad dentro de él de exprimir la vida, como si llevara toda la vida en prisión, o como si el mundo fuera a acabarse en unas horas.

Lo único que nos chocó es que, alguien con ese carácter, con esa fuerza, no estuviera recibiendo visitas continuamente. España había dejado de existir y apenas la mencionó. Cuando alguno le preguntaba, su rostro cambiaba por un momento, pero volvía casi inmediatamente a su sonrisa típica y decía algo como "Allí seguirá". Estoy convencido que de haber podido se habría quedado, pero estas becas tienen el propósito de que conozcas el mundo, pero luego vuelvas a tu lugar de origen. Así que no le quedó más remedio.

Cuando pasaba el control de pasaportes me pareció que no estaba ya tan sonriente, pero lo achaqué a la pereza del viaje. Después supe que no...

Me hubiera gustado que se hubiera quedado con nosotros.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Faceta tercera: el joven perdedor

Sí, claro que le recuerdo, es de los pocos alumnos cuyo apellido me cuesta olvidar. Por aquí tengo todavía su ficha de la carrera... Mira, aquí está. "Tomás". Se dejó una barba casi a la primera semana, y sus rasgos se hicieron más marcados con el paso del tiempo. No supe qué le hizo matricularse en periodismo. Creo que era su afán de poder seguir investigando cual tema, teniendo acceso a toda la información. Su curiosidad era su característica más relevante. Cuando todo el mundo había parado de investigar un tema, el seguía semanas buscando más datos, más causas, más consecuencias. Era brillante, era extenuante.

Sin embargo, era de las personas con menos habilidades sociales que he visto sentadas en mi clase. Sus trabajos en grupo fueron continuos desastres, y su relación con sus compañeros era difícil. Y eso es lo que me llegaba a mi, así que tenía que ser mucho peor. Estaba por encima de las personas, pero no como si se viera de una clase social superior, no. Simplemente, flotaba sobre ellas, eran recursos.

Un día, decidí ayudarle. Quise que reaccionara: con esas habilidades sociales acabaría en un oscuro archivo, condenado a una búsqueda absurda de datos y fechas. Había en su clase una chica que se podría decir que era una lider natural. No era especialmente guapa, ni tenía un físico espectacular, pero tenía carisma. Les puse juntos en un trabajo. Sí, fui yo. El error fue mío.

Una cosa era tomar contacto con la realidad, aterrizar en ella. Otra es caer desde miles de kilómetros a plomo sobre ella. Se enamoró como un idiota desde el primer día. Encontró ese corazón que nunca había sabido que llevaba dentro. Y se lo ofreció en una bandeja de plata.

Ella cogió la bandeja, lo miró por un instante y, mientras se moría de risa, la arrojó por la ventana. Lo de menos fue el suspenso por un trabajo no entregado. Él se volvió taciturno, se aisló totalmente. Apenas venía a clase, y, cuando venía, se sentaba en la última fila y no la quitaba a ella los ojos de encima. Prometo que alguna vez creí que se echaba a llorar en mitad de clase. Sus notas bajaron al mismo ritmo que su moral. Estaba hundido y no sabía pelear. Nunca lo había hecho.

Creo que fue bueno para él que le dieran esa beca en el extranjero. Logró meter la distancia que necesitaba. Cuando le vi años después en su graduación había recuperado parte de ese brillo en los ojos, se le notaba más maduro. Irónicamente, ella, después de haberle hundido, se enamoró de quien no la convenía, un sabelotodo guaperas que lo único que la hizo fue dejarla embarazada. No acabó la carrera...

martes, 15 de diciembre de 2009

Faceta segunda: el adolescente soñador

Coincidí con él cuando llegó a nuestro colegio, protegido por un jersey de rayas que empezaba a quedarle algo estrecho y algo corto. Me recordó a mi el primer día, mirando el suelo que había bajo mis pies por si desaparecía de repente. Tuve la necesidad de hablar con él, de ayudarle. Alguien hizo eso mismo conmigo ( ya te contaré esa historia otro día, que me pongo melancólico ).

Costó quitarle sus defensas, conseguir que hablara usando algo que no fueran monosílabos. Había construido muros detrás de los cuales se había encerrado. Nunca supe porqué. Tampoco me atreví a preguntarselo. Poco a poco fue levantando la vista del suelo, y pasandola al cielo. Reconozco que su cambio fue demasiado drástico. En parte fue culpa mía: yo no me relacionaba apenas con mis compañeros, salvo casos puntuales. A el le pasó algo semejante: las personas eran inexistentes. Estaban ahí, pero no le aportaban nada. Al menos las personas cercanas. Sí, se abrió al mundo, pero a un mundo idílico, en poco contacto con el mundo real. Se dejó seducir por la literatura, por la música, por las artes. Perdió el miedo a lo desconocido, ganó curiosidad.

Cuando quedábamos algunos fines de semana y me contaba lo que había estado haciendo, había veces que era difícil de creer, sobre todo si lo comparabas a lo que oías por la clase. Mientras nuestros compañeros de clase se centraban en el sexo, el alcohol y el deporte, él podía contarte una crítica que acababa de leerse a la obra de Baudelaire. Y yo apenas sabía quien era Baudelaire!

Ese año, por mi culpa, o gracias a mi, o mediante mi ayuda, dilo como prefieras, descubrió lo que había alrededor suyo. Fue capaz de abrir los ojos y dejarse invadir.

De todas formas, yo siempre pensé que seguía habiendo algo que no acababa de encajar. Sí, yo no me entendía con el resto de mi promoción, pero para él apenas existían. Era un chaval, casi un crío, y había madurado saltandose miles de fases. Estaba convencido de que acabaría dandose una torta.

Por desgracia, no me equivoqué. Aunque de eso me enteré muchos años después. Al acabar el año, se volvió a cambiar de colegio. Nunca supe si aguantó dos años seguidos en alguno. Aunque esta vez fue por su padre y su trabajo.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Faceta primera: el niño tímido

Llegó el primer día siendo el alumno nuevo, y se sentó, con su jersey de rayas, en la primera fila. Apenas se atrevió a mirar a sus compañeros, y lo único que dijo en ese primer día fue su nombre cuando le pregunto la profesora: "Tomás". El resto de ese día, de esa semana, lo pasó mirando a la pizarra en clase y al infinito en el recreo, sin atreverse a integrarse con nadie. Cuando le preguntaban algo en el aula, casi de forma inmediata, bajaba la cabeza, se ponía rojo, no respondía. A veces garabateaba algo en un papel. A las pocas semanas, los profesores se convencieron de lo absurdo de preguntarle. Sus compañeros, entre tanto, le ignoraban. Los gamberros le hicieron algunas bromas al principio, pero su indiferencia les desmotivó. No se atrevía a protestar, a pedir ayuda. Era un pelele, avergonzado de sí mismo por alguna razón, atemorizado del resto de la especie humana.

Sus escenas de vestuario, cubriendo su desnudez mientras otros la alardeaban, eran aún más llamativas. Pronto todo el mundo se acostumbró, pero parecía querer esconderse y que nadie pudiera ver dentro de su caparazón.

Al año siguiente lo cambiaron de colegio, por un amigo de un amigo me enteré de donde fue, y comentaban que seguía siendo igual, aunque había encontrado un "alma gemela" ( esto me lo dijeron entre risas ) y que se les veía, de vez en cuando, hablar. Una vez incluso, según me decían, se rieron. Aunque yo creo que esto es una exageración del resto de niños.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Llueve dentro de una tubería


El agua, cuando cae en determinadas condiciones, parece un manto, una cortina de gotas entrelazadas con esmero. No se puede ver lo de detrás, hay que intuirlo.

Eso me pasaba mientras te miraba llorando. Tus lágrimas no me dejaban acercarme, no me dejaban ver lo que te pasaba, no me dejaban comprenderte. Me hacían resbalar, me llevaban en su corriente, lejos, a un paraje aislado y yermo, escrito en un lenguaje indescifrable.

Yo dejé de estar allí, donde tú hacía tiempo que no estabas. Viajabas por una caverna de recuerdos en tu cabeza, de pinturas rupestres de trágico recuerdo, de estalactitas que se clavaban en tu piel y en tu alma.

Esa noche moriste un poco. Yo también. Sólo quería abrazarte, pero no podía. Me di cuenta que yo también estaba llorando. Y tampoco pudiste abrazarme.

Desembocamos en distintos mares y detrás, quedó un terreno seco, agreste,olvidado.

Ojalá hubiera podido superar tus lágrimas, mis lágrimas. Ojalá todo no hubiera quedado allí, ahogado en ese llanto. Ojalá deje de llover, por fin, este invierno.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Soldadito o marinero



Estar quieto, siempre sonriente, en esa postura forzada y sin sentido. Estar firme, siendo un soldado de madera, brazos en cruz, homenaje quizás al cascanueces, quizás a ese recuerdo de los padres y sus soldaditos. Día y noche, día y noche, con ese foco apuntando directo al rostro, con esa música monotona y repetitiva, sonando por detrás, por los lados, por todas partes. Resonando cada minuto en mi cabeza. Sólo los brazos se mueven, rígidos y casi inertes, en esos momentos tan concretos de la coreografía.

Prometo que, cuando decidí hacerme actor, no contaba con tener que aceptar estos papeles. Maldita crisis!