domingo, 12 de octubre de 2008

Resumen del fin de semana

Ya se acaba el fin de semana, dos breves horitas le quedan. ¿ Vale la pena resumirlo ? ¿ Le importa a alguien ? Bueno, así al menos me distraigo un ratito escribiendo. Comencemos...

El viernes empezó con tarde friki. Partida al Catán en la que pude ganar, por primera vez. Perdí, como siempre, pero al menos hubo opciones. Para celebrarlo, nos fuimos al Kintaro, un japonés de buffet libre, en el que los platos van pasando al lado tuyo, y tu los vas cogiendo a puñados. Cené por cuatro o cinco, soy un animal. Y no fui el único, que rentabilizamos los 15 euros como nadie.

Nos fuimos al 100%, que era un infierno. Existe una cosa llamada capacidad máxima, y cuando se alcanza, no hay que dejar entrar a nadie más, a riesgo de que la gente muera por el calor y se agobie. Eso nos pasó, y a la una de la mañana, la gente ya quería irse a casita. Eso no es bueno, no señor. Menos mal que justo tenía un mensaje en el móvil proponiéndome un plan alternativo con los recien casados. Así que nada, a Avenida de Brasil, en busca del Espantatrenes, que resultó estar bien. No había mucha gente y la música no estuvo mal. Sorprendido quedé cuando sonó la Fuga y Platero. Gratamente sorprendido, claro.

El caso es que nos echaron a ritmo de Sabina, pero seguían quedando ganas de marcha. Al lado estaba el Lolitas, así que nada, a rematar la noche allí. 10 euros por entrar, pero, sorprendentemente, tiraron de la botella de Santa Teresa a la hora de pedir el ron. Para mi que la camarera se equivocó, pero no vamos a quejarnos. Tampoco había mucha gente, una de las gogos era espectacular y bailamos un ratito. Una buena noche, que acabó a las 6 de la mañana, hora en la que me metí en la cama.

6 horas después, partido de fútbol. Apenas hice nada, no nos engañemos, pero bueno, fue divertido, como siempre. Último o penúltimo partido de la pretemporada. En dos fines de semana empieza la bueno.

Por la noche quedé con el cazador de facóqueros y tres amigos suyos, que ya eran conocidos de noches anteriores. Levantamos el veto a los Portugueses ( también conocido como el Pozo ). No es ninguna maravilla, pero tiene su encanto. Ahí empezó a circular el alcohol, que siguió en el Cotton Club y en la Pasión. Eso sí, nos llovió, y no poco precisamente.

Otra noche entretenida.

Y hoy... Nada de nada, pero de nada. Habrá que ver como se desarrolla la semana.

Besos a todos. Mejorense los enfermos y no hagan tonterías.

viernes, 10 de octubre de 2008

Por fin es viernes

Llega el viernes, llega la lluvia. Bueno, ahora mismo hace un sol radiante, pero teniendo en cuenta que he quedado en menos de una hora en Industriales, la probabilidad de lluvia aumenta por minutos. Mantened la cabeza gacha y el corazón caliente.

Ayer volvimos al Victoria, y cuando contaba con llegar el primero y estar solo, había cuatro mujeres ya esperando y otros tantos mozos. Sorpresas te da la vida. Intenté dejar medio funcionando un ordenador, cené poco y bebi menos, pero me lo pasé bien. Echaba de menos el Victoria, ciertamente.

Aparte de las pijadas que me permite el iphone ( sí, podría vivir sin leerme el NY times en el bus ), últimamente le encuentro su gracia a facebook. Aparte de por ver las fotos de todos aquellos a quienes veo de continuo ( donde continuo es un término muy amplio ), por ver fotos de compañeros de colegio a los que hacía siglos que no veía. Tres bodas he visto ya este año gracias a facebook. Me encantan las fotos en las que sale un puñado de conocidos, para ver como han cambiado.

Eso sí, cuando te pones a mirar los amigos y lo que han hecho algunos, te llevas alguna sorpresa considerable. Interesante, sin duda...

Hay cosas que van mejorando esta semana, sin duda. Faltó una pequeña guinda, pero bueno, intentaremos que haya ocasión de nuevo.

Me gusta el comentario del Manguera de mi último post. Me gusta mucho, sí. Aunque debo decir que en general fue todo bastante bien. Pero el próximo cumpleaños, sea de quien sea, será mejor, voto a tal.

Besitos para todos.

martes, 7 de octubre de 2008

Reaparezco

Tampoco es que lleve mucho desaparecido, pero bueno, ni había comentado nada del atleti-barça, ni de los cumpleaños celebrados el sábado, ni de que me di el capricho y ya tengo un iphone...

Pero bueno, eso ya son casi cosas del pasado. Recordar el sábado es sencillo: estuvo bien, sí, aunque podría haber estado mejor. Fue curioso ver como una discusión privada ( en la que yo no estaba, añado ) se convirtió en una conversación de medio bar. ¿ Existe la media naranja ? ¿ Y el medio melocotón ? Grandes regalos para los dos homenajeados, regados con abundante cerveza y kalimotxo, que caían más despacio que los goles del Barça. Final de noche extraño, eso sí.

Del domingo, sólo destaco una conversación de 5 minutillos que tuve. La quito, y no queda ni un recuerdo de ese día.

( Nota: la aplicación midomi para el iphone es una pasada ).

Ayer, quedé para jugar al trivial y nos tongaron. Aún no hay trivial. Para empezar en septiembre van con algo de retraso. Menos mal que antes recorrimos la fnac y compré 3 libros: La princesa prometida ( 180 páginas ya leídas, una gozada ), El lobo estepario y el mundo sumergido. Sí, soy comprador compulsivo, pero hay libros que dicen que hay que tener.

Poco más por hoy, aparte de decir que me he mojado. ¿ Jugaremos mañana a los soldaditos como está previsto ? Eso espero, que quiero machacar a ECM...

Besitos.


sábado, 4 de octubre de 2008

Tocapeloting

Contaba con escribir del miércoles, que estuve viendo a Rafael Alvarez, el Brujo, haciendo magia con la palabra y consiguiendo sacar risas gracias a los clásicos. Luego iba a haber hablado del jueves, donde fui a un concierto en favor de la asociación de víctimas del terrorismo que tuvo incluso ágape posterior ( gracias al cazador y a la suya amiga que nos invitó a ambos ). Y querría haber acabado hablando de la noche de ayer viernes, que no fue bien, ni fue mal, ni lo contrario. Tuvo de todo.

Pero el caso es que, como los miembros de la Fuentecilla ya saben, en una entrada mía anterior en la que cuento los partidos de fútbol, un integrante del otro equipo se ha dedicado a responder.

Desde luego, no es el primero que lo hace, supongo que no será el último. Sí es el primero que considera que lo que escribo son mentiras, calumnias, difamaciones y exageraciones varias. Lo cual tiene un mérito especial cuando responde la semana pasada a algo que sucedió en febrero y que yo sería incapaz de recordar si no tuviera el blog.

El caso es que no tengo ningún problema en que alguien de otro equipo meta sus narices y responda. El blog es público, así que el derecho a réplica no voy a quitarselo ni a el ni a nadie.

Por lo que no paso es porque un desconocido se dedique a insultar a amigos míos en un sitio del que yo soy el responsable. En los comentarios del hilo ya lo he explicado con algo más de detalle, pero vamos, a mis amigos les insulto yo, y nadie más. El siguiente comentario en que se dedique a insultar se borrará, y punto pelota.

Tengo cosas más importantes en la cabeza, y no voy a perder más tiempo con esto. Mis amigos pueden ser unos frikis, pero son una gente cojonuda. Y si no tolero que se les insulte en ninguna situación, menos voy a consentirlo en mi espacio.

viernes, 3 de octubre de 2008

Escocia, día 5

Bueno, pues ya acababa el viaje. Poco más que llegar a Edimburgo nos quedaba, que la costa Este no tiene mucho más. Bueno, miento, nos quedaban cositas que ver. Eso sí, pocas fotos, muy pocas, que la lluvia estuvo cayendo todo el día y en algunos momentos, con bastante persistencia y fuerza.

La jornada empezó camino de Culloden, lugar donde fue aplastado y aniquilado el ejército del Prince Charlie, que meses antes pudo haber conquistado el trono de Inglaterra, pero se detuvo justo antes de tomar el trono, por miedo. Había arrasado usando la carga de las Highlands como estrategia. Básicamente, mientras el enemigo está disparandote con cañones y mosquetes, todo tu frente, carga protegido con escudos y armado con pistolas y espadas. El enemigo se asustaba, retrocedía y era aniquilado.

Sin embargo, en Culloden todo salió mal. Los escoceses no tenían cañones, la carga se hizo tarde y mal, los soldados estaban agotados, el escenario era el peor para una carga, los ingleses descubrieron que con cañones llenos de metralla, obstáculos, picas y poco más, las bajas caían sólo en un lado. Uno de esos grandes desastres tácticos que tan bien conocemos por estas tierras. Se nota que en el lado escocés había algún soldado español.

Eso sí, los ingleses masacraron a todos los que encontraron, desfiguraron a los heridos, no permitieron quitar los cadáveres del campo de batalla... Dieron un escarmiento ejemplar. No dejar a los escoceses ser enterrados en el clan era una afrenta terrible, que dejó grandes heridas. Ahora queda el recuerdo con túmulos, y las tumbas de algunos clanes.




Lo dejamos debajo de la lluvia, y nos fuimos hacia el siguiente destino. Entre medias, nos dedicamos a cantar los himnos de nuestros diferentes países. Como siempre que a un español le toca hacer esto, no queda sino emocionarse, llevarse la mano al pecho y tararear como mejor se puede la marcha de granaderos.

Desde allí llegamos al lago Ness. Que vale, es muy famoso, tiene su leyenda, es gigante, pero vamos, que es uno de los cuatro lagos casi iguales que hay. Entre eso, y la lluvia que caía, la parada fue breve. El guía dijo que éramos el único grupo en que no se había bañado nadie en el lago. El mundo está lleno de inconscientes.



Paramos a comer en un pub y nos fuimos hacía Broar, o algo así. La cámara ya se quedó en el bus, que jugarsela camino de una cascada por un camino de barro con lluvia no me motivaba. Bonita cascada en una zona al lado de un centro comercial bastante pijo. Hasta había comida con muy buena pinta.

De allí partimos hacia nuestra última parada, el Hermitage. Un atasco tremendo, un atasco, la policía desviándonos, una maniobra para dar la vuelta en la que cortamos dos carriles... Y el Hermitage cerrado. Así que nada, camino de Edimburgo mientras la lluvia no dejaba de caer. Al menos un día de tiempo escocés había que ver, estaba claro.

Como no era tarde, paramos a ver los puentes que dan acceso a la capital de Escocia. Uno que está en obras y van a cambiar, y uno viejo por el que sólo circulan trenes, que es mucho más espectacular.



Aquí acabó el viaje en sí, entre la lluvia camino del albergue que me pasé dos veces. Llegué empapado, y con dos horas de margen antes de la hora a la que habíamos quedado los del grupo para tomar algo. Con la que caía, me quedé en el albergue escuchando la conversación de los de al lado.

Al menos luego dejó de llover, y la velada nocturna fue con neumáticos de seco. Es increible como las mujeres se arreglaron para salir por la noche. Se nota quien va pensando en salir y quienes, como yo, tienen que ponerse algo y disimular que es ropa de campo.

Un pub tradicional, un garito infernal en el que estábamos en la terraza ( en Madrid con esa temperatura nadie está en una terraza, doy fe ), otro garito tranquilo y un último sitio cuando los primeros ya habían cerrado que era un poco antro. En total, recuento, cuatro bacardis con limonada, un absolut y un capitán morgan, que es una mierda de ron y me dejó sin beber nada más. Si me tomo seis copas en Madrid, no me tengo en pie. A shots, ni te enteras. Y el caso es que me dejé una pasta.

A los dos y media despedirse, intercambiar el facebook con una moza y el teléfono, y volver al hostal. Despertarse, desayuno escocés, autobús al aeropuerto, espera de avión, Ryanair, espera de avión en Dublín, Aer Lingus y Madrid.

Fin de las vacaciones, hasta nueva orden.

jueves, 2 de octubre de 2008

Escocia, día 4

Tocaba dejar las islas Orkney, que como curiosidad tienen su propia bandera y la exhiben con orgullo. ¿ nacionalistas dentro de Escocia ? Curioso, cuanto menos.

La primera parada del día era en el nido de las águilas, una curiosidad difícil de encuadrar en una categoría. Básicamente, un granjero se encontró un túmulo neolítico en su propiedad, y otra construcción extraña, que no quedaba claro si era casa, taller, o lugar de reunión. Pidió ayuda, pero para cuando llegaron los expertos, el hombre estaba harto y ya había excavado el parte, con cuidado y cariño, eso sí. En su casa montó un pequeño museo-taller, que ahora llevaban sus hijas. Águilas había, porque habían incluso grabado un documental por la zona.




Al túmulo se entraba de rodillas, o tumbado en un carrito estilo la gran evasión. Dentro quedaban algunos cráneos, protegidos detrás de un cristal, claro. La otra construcción estaba a cielo abierto. Un bonito paseo hasta llegar, ciertamente.

Desde allí, una pequeña parada antes del coger el ferry de vuelta, en el que ya renunciamos a ver el mar y nos quedamos sentados comiendo tranquilamente. Recuerdo que tomé algo con beans, pero no me pregunteis exactamente el qué.



Costa este de Escocia para abajo, viendo a lo lejos las plataformas petrolíferas del mar del norte. Polémicas por que el dinero se reparte por todo el Reino Unido, por lo visto y los nacionalistas quieren quedarselo, claro.

En su orilla paramos dos veces. La primera, para ver Whaligoe Steps. Una escalera de 365 escalones que llevaba al mar y por la que las mujeres bajaban mercancías y subían pescado hace tiempo. La escalera estaba bastante cuidada por otro pintoresco hombre que estaba allí y que nos contó toda la historia. Otra de esas personas apasionadas por su trabajo.

La segunda parada la hicimos en un pueblo que quedó abandonado a principios del siglo pasado, Badrea. Una lástima cuando te cuentan la historia de esta gente que fue poco a poco presionada para que abandonaran sus pueblos para meter más ovejas y que no les quedó más que irse a las ciudades o a América. Los habitantes de este sitio, que llegaron a Nueva Zelanda, erigieron un monumento a posteriori para recordar el que había sido su lugar de origen.

Más autobús con alguna breve parada. El cielo estaba cubierto, pero seguía sin llover.



Y llegamos al sitio más espectacular para dormir, bastante recomendado por mi guía de Lonely Planet: un castillo que ahora es albergue juvenil. Sí, lo he puesto bien. Así que que íbamos a pasar la noche en un castillo, rodeado de bosques y ríos durante el atardecer y el anochecer. Mi cámara de fotos se emocionó pensando en las fotillos que podría sacar. El problema es que se emocionó tanto que la batería se gastó. Bueno, lo bueno de llevar dos baterías, que pones la siguiente y sigues. Claro, que cuando descubres que la otra también está descargada ( cuando prometo haberla cargado ), te das cuenta que te quedas sin fotillos y no queda sino aprovechar la poca bateria que te queda y hacer lo mejor que puedas.





Cenamos nachos y tacos, y luego, a beber en uno de los múltiples salones de ese castillo que, como no, tenía su fantasma. Ruidos de viento y de murciélagos que volaban fuera la verdad es que podían hacer que alguien con miedo se asustara fácilmente a poco que se le presionara. Por cierto, no vale la pena que probéis una bebida de ron con piña colada de 4 grados del Tesco. Se bebe sola, no aporta nada y ni siquiera es un buen zumo de piña. Debería haber recurrido al breezer de 750 ml.

Mi primera noche en un castillo con fantasma pasó sin sustos. Ni siquiera me enteré de si alguien roncaba o no en la habitación. El fantasma pudo entrar y bailar claqué.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Escocia, día 3


Pues nada, ya estábamos en las islas Orkney. Y aquí si que había cosas que ver, pero vamos, a patadas.

Simplemente nada más salir del pueblo ya teníamos lo primero que ver: barcos hundidos de la segunda guerra mundial. Resulta que en las islas Orkney había una gran base naval, y claro, como que fue atacada varias veces. Por lo visto, atacada con éxito al menos una vez, en la que los u-bot se metieron hasta la cocina. No les quedó sino cerrar caminos y unir islas con diques hechos por prisioneros italianos, a los que tenían en un campo de concentración de las islas.

La primera parada en la que andamos un poco fue en el Brough of Deerness, unas pequeñas ruinas de un posible templo en el borde de los acantilados. Vistas espectaculares, un conejo correteando por las ruinas y más historias de esta zona por parte del guía.



De ahí, fuimos a la civilización, a la ciudad más grande de las islas: Kirkwall. El guía nos dejó solos, diciendonos los trucos para conseguir internete gratis y baños en los que no pagar. Debo decir que encontré unos baños mejores que los que el decía, que quedaban algo apartados. De internete prescindí, puedo estar unos días desconectado, por lo visto.

Recorrí la catedral, pequeña, acogedora y con una mezcla de estilos considerable, y luego pasé un poco por el museo, antes de darme una vueltecilla por la calle principal y ver las tiendas. La verdad es que tenían más nivel del esperado para un sitio tan apartado del mundo con 22000 habitantes. Había unos muñecos muy interesantes, ciertamente. Lástima no tener más sitio ni que fueran más baratos.



En Kirkwall se juega uno de esos deportes que luego salen en la tele. En Navidad y año nuevo, medio pueblo juega contra otro medio un juego sencillo, llevar una pelota al otro lado del pueblo. Y ahí acaban las reglas.

De la civilización fuimos a un poblado neolítico en un estado de conservación espectacular. Se había quedado cubierto por la arena y la vegetación, y eso permitió que cuando una tormenta lo reveló, estuviera casi intacto. Además, tiene un nombre mítico: Skara Brae. Los que recuerden ese nombre con nostalgia, que levanten la mano... ( qué gran juego el Ultima VII ). Se puede caminar alrededor del poblado, y meterse en una casita réplica que tienen construida. Muy bien cuidado, sin duda, de lo mejor de todo el viaje.



La visita incluía una visita a una casa victoriana que no tenía mayor historia.

De allí, a ver círculos de piedras. Algún día descubriremos como lograban mover esas piedras hace miles de años, cuando ahora seríamos incapaces sin recurrir a grúas y camiones. Y también para que servían, porque ahora no podemos hacer sino inventarnos teorías, a cual más extraña.




Ya casi de vuelta, hicimos una parada en una de las paradas más curiosas, la capilla italiana. Los prisioneros del campo de concentración por lo visto no fueron muy mal tratados, así que aprovecharon los restos de lo que encontraron construyendo diques y demás, y montaron una capillita que aunque no tuviera esa historia tan particular sería digna de ser vista. Tuvimos suerte, que llegamos casi cuando la cerraban.

De cena, barbacoa, preparada por los tres chicos que estábamos. Curioso, porque lo hicimos en unas barbacoas de usar y tirar que no estaban nada mal y se portaron mejor de lo esperado. Como siempre pasa, toneladas de carne y más restos de los que debieran. Menos mal que por la noche nos fuimos al pub a descargar algo de la grasa y cambiarla por alcohol en diversas formas. Dos whiskys cayeron, que no estaban mal. Pasé al ron, que es una vergüenza tomarse un shot de ron con limonada, que no sabe a nada. Después del segundo, me pasé al breezer, que al menos salía mejor de precio. En el billar creo que gané una partida, pero la verdad es que se notaba que había algunos que habían jugado pero que muy mucho. Había un lugareño que era una máquina. Además, llevaba una chaqueta del Madrid, que me contó consiguió en la cárcel. Una curiosa historia, sin duda...

Y con eso acabó nuestro tercer día, el segundo que dormimos en las islas Orkney. Un gran día, sin duda. Tercer día sin lluvia, hecho destacable.