jueves, 13 de agosto de 2009

Leyendo a quienes saben escribir

Por alguna razón extraña, he acabado en una librería inglesa que cierra a las doce de la noche en Paris. Muy chula y, como siempre que acabo en un sitio de estos, lugar de destino de parte de mi dinero. Sólo han sido cuatro libros por cuarenta y cuatro euros, que está bien. Siddartha de Herman Hesse, On the road, de Kerouac, Uno de Burroughs sobre sus contactos con la droga, Junk, y por último, Blood Meridian, de Cormac McCarthy. Prometen... Desde luego, cada libro vale más que la ensalada, que me ha costado lo mismo que uno de ellos. Hay veces que el valor y el precio son cosas muy distintas.

Ahora debería dormir, dormir, dormir... Y soñar que, debajo del edredón, estás tú, durmiendo con una sonrisa risueña, esperando que mis manos acaricien tu espalda. Soñar que mis dedos se deslizan por tu piel, despacio, más despacio, casi detenidos. Soñar que tu piel resbala por debajo suyo, dejando un escalofrío en ambos. Soñar que el sueño no acaba nunca y todo queda reducido a una piel y a otra piel, a unos dedos, a tu espalda impaciente. Soñar que todo es tan simple, tan fácil. Soñar que no es un sueño.

Mañana, el del lorito japonés...

Besos para ti que no lees esto, creo.


miércoles, 12 de agosto de 2009

el color que aburre

Si no tienes nada interesante que aportar, lo mejor es callarse. A eso voy...

lunes, 10 de agosto de 2009

una piedra cayendo por el barranco de tu falda de lunares

Mi mano derecha borra lo que la izquierda teclea. Aquella es racional, sensata, y quiere tapar el error que quiero decirte. Ésta es emocional, se deja llevar por sueños, por perfumes, por entelequias. La izquierda escribe renglones torcidos, frases con pétalos, párrafos donde la música corretea por los espacios. Una borra lo que digo, la otra dice demasiado. No soy ni una ni la otra, sino ese borrón que queda en el papel después de que una haya casi alcanzado a la otra. A veces, cuando ambas se despistan, con un pequeño lápiz me escribo a mi mismo en papeles olvidados. 
Luego los pierdo. Con un poco de suerte, encontrarán un camino mejor que el mío.
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Te perdí, me quedé solo.
Nos reencontramos; seguí solo.

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Con una última carta acabó esa historia. Un mensaje sin sello y sin sobre. Un rey de bastos.

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Me voy a dormir. Besos a todos. Hoy, bueno, ayer, especialmente para ti. ;p

sábado, 8 de agosto de 2009

Arenilla que vuela, que araña, que hiere...

Hay un momento del día en que el mar se funde con el firmamento, en
que el cielo y el infierno se unen y fluyen, difusos, en los remolinos
de tu pelo. En ese instante, el pecado deja de ser algo negativo y se
convierte en una necesidad, una orden del cuerpo y del alma. Tocar,
morder, tal vez gritar y convertir un segundo en el infinito. Hacerse
uno con el cielo, el mar, la arena y tus caricias...
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En mi cuarto en Benicassim, donde el tiempo parece detenido hace años.
Es como si no hubiera sucedido nada en los últimos años, como si este
cuarto se hubiera olvidado de ver transcurrir el tiempo. Y el tiempo
ha pasado cambiando todo, a veces para dejarlo igual, a veces, para
darle la vuelta. Saudade...

jueves, 6 de agosto de 2009

Un recuerdo que vuelve, que vuelve y sonrie

En Madrid de nuevo, por menos de veinte horas, me temo. La vida últimamente es correr y correr sin estar en el sitio en que quiero estar. Claro, que tampoco tengo muy claro donde me gustaría que estuviera ese sitio. Vida de incertidumbres...

Me han enviado hoy un vídeo que han hecho en mi primer trabajo para celebrar sus primeros veinte años. Cuatro años anduve por allí, cuatro buenos años, para que negarlo. En el video recopilatorio, aparte de ver que hay mucha gente nueva, salimos los que estábamos por allí entonces. Buena camada, sin duda. Muchos recuerdos en cada fotillo, mucha gente de la que se sabe poco, por desgracia. Buenas sensaciones viendo el video despacio, recordando la gente y los eventos. Y mis cambios de imagen: de barba impresentable a barba espantosa...

En fin, que hablar de otra cosa sería absurdo. Fueron cuatro grandes años. Y son unas grandes personas las que salían ahí. Un abrazo para todas ellas, allá donde estén.

Y un beso para el resto. Sobre todo, como no, para ti...


Una sombra que se desvanece, una sombra que aparece

Entre las almohadas, debajo el montón de ropa arrugada, entre las toallas arrugadas que pueblan el suelo del baño. Entre dos coches, fugitiva. Cruzando la calle sin mirar ni a izquierda ni a derecha. En aquel restaurante coqueto de la plaza, justo en la mesa de la esquina. En la barra del bar donde las cervezas nunca están frías, pero son baratas. Bajando del autobús en mi parada y corriendo a un portal que abría un señor mayor con un sombrero de paja. En el parque, balanceandote en un columpio y después, leyendo un libro, por segunda vez, en el banco donde se sienta la señora que da de comer a las palomas. En el ascensor, en cada planta. Al abrir la puerta de casa, en el pasillo. En algún lugar más que se me olvida. En todo momento tengo la sensación de que vuelves a estar ahí. Instantes después, la certeza me recuerda que estoy solo. 

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El mito es que España se para en agosto. Falso. Lo que se para en agosto es París, donde la mitad de los restaurantes cierra y la mitad de los trabajadores huyen. Eso sí, los que se quedan se encargan de que yo tenga cosas que hacer... 

Iba a escribir algo distinto a lo de arriba, porque quería escribir, que ya tocaba. Pero a veces lo que uno escribe se va directo a la basura, que es más provechoso para el planeta. Al menos es corto. 

Besosssssss.

domingo, 2 de agosto de 2009

Agosto cultural y erótico en Madrid

El viernes regresé de Francia de milagro pero con estilo, gracias a Iberia y su decisión de ponerme en Business. La velada de después estuvo bien, aunque se notaba Madrid medio vacío.

Ayer, el plan fue largo y con diversas paradas: empezamos con Matisse en el museo Thyssen. Sigo con mis opiniones encontradas: tiene cuadros geniales, pero tiene otros que parecen bosquejos, preliminares. Bien es verdad que ayer vi por primera vez ( creo ), algunos dibujos suyos, y queda clara la buena mano que tenía. Otra exposición en la que pago de más por no tener mi carnet de estudiante... Soy idiota.

Desde ahí nos fuimos a la escalera de jacob, a ver a una cuentacuentos que contaba relatos eróticos. Sonaba arriesgado, pero el caso es que prometía. Y me gustó: la narradora, argentina ella, interpretaba los cuentos y las historias muy bien, dandoles mucha fuerza, gesticulando mucho... Los vivía. Además, yo contaba con que iban a ser historias de cama más o menos detalladas y graciosas, pero resultó ser bastante distinto. Contó diversas historias sacadas de varios sitios de la literatura universal: el capítulo 68 de Rayuela, un relato de Benedetti, tres de Kim Monzó ( de los cuales ya había leído dos, curioso ), dos historias de las mil y una noches... Distinto a los que esperábamos, pero entretenido, sin duda. Al final acabó con un recopilatorio de anuncios clasificados muy simpáticos y eso sí, te quedaban ganas de comer berenjena. Tengo que investigar la receta de la berenjena con jengibre, que me entró curiosidad... Un plan diferente para un sábado, de vez en cuando, se agradece!

Luego fuimos a Latina, Lavapies, Huertas... y a casa en el último búho. Cundió el sábado, cundió!

Mañana, otra vez, a Paris. Gracias a Iberia por suprimir el vuelo de las 7:00. Besos a todos desde Maherit. Sobre todo, hoy, como no, para ti.