miércoles, 2 de diciembre de 2009

inventé el mundo entre tus piernas de azafrán

Vi una ardilla, la seguí. Se convirtió en una cabra y subió a un monte. Troté tras ella, mientras dejaba atrás restos de mi piel de cebra. Al llegar a la cima, siguió saltando de nube en nube. Yo, para no ser menos, me columpiaba por las corrientes de aire, cual amapola, lindísima amapola. Cuando las nubes iban a acabarse, al menos las que estaban a buen precio, se arrojó desde lo alto en busca de hortalizas, cayendo en forma de otorrino. Yo esperé a acabarme el café, y la seguí, pero preferí ir por las escaleras, era más seguro. Aunque llevaban sin limpiarlas desde el día en que pintaron el cielo de verde.

Llegamos al suelo casi a la vez, yo sobre un huerto de paraguas, ella sobre un campo inútil, donde sólo crecía el dinero. Aleteó cual mariposa. Tras su rastro, la seguí disfrazado de serpiente. Cambié pronto, la tripa se me rozaba con los cardos, y debía devolver el disfraz a la reina de corazones.

Entramos en una fiesta en la que no nos habían invitado, pero, por suerte, pasamos a ser los anfitriones. Nos agarramos del brazo, ofrecimos canapés que habiamos hecho horas después, y deleitamos a todo el mundo con nuestra bien ensayada muñeira. Luego, nos retiramos a nuestros aposentos, lo que supuso dejar la fiesta, a los invitados, a todo el mester de clerecía y a una pareja de espadachines muy simpáticos, sobre todo el moreno. Ella fue por la izquierda, yo también, pero cogiéndola por el otro lado, para no ir juntos. No nos perdimos porque ibamos de la mano.

Abrí la puerta después de que ella entrara, me quitó la ropa después de que la hubiera arrojado al suelo, me besó después de haberme besado mil veces. El mundo se acabó esa noche, o esa mañana, pero , por suerte, supimos reconstruirlo debajo de las sábanas, olvidandonos pocos detalles, escasos matices y a los unicornios.

Aunque creo que lo que inventamos quedó demasiado básico, demasiado plano, y todo el mundo, cuando le cuento el origen de este mundo, piensa que estoy loco. 

Tendré que volver a encontrarla, reinventarnos y reescribir esta absurda historia de nuevo, pero se me olvidó que personaje la tocó. 

Seguiré persiguiendo ardillas, hasta reconocerla en alguna.

martes, 1 de diciembre de 2009

Algo huele a podrido en Dinamarca

Era el olor lo que lo demostraba. Sin duda. A simple vista no se notaba todavía, pero quedaba esa huella en el ambiente, tan característica. Me había muerto y estaba empezando a pudrirme. 

Sí, había leído muchos relatos de muertos vivientes, de zombies, de muertos que resucitan, pero esta vez era diferente. Mi corazón había decidido pararse, pero mi cerebro, ignorante de todo lo que le rodeaba, como siempre, había decidido seguir funcionando, ignorante de haberse convertido en un parásito en una carcasa condenada a desintegrarse lentamente.

Mis músculos empezaban a agarrotarse, carentes del oxígeno que mis pulmones no bombeaban. Hubiera dado igual que funcionaran, porque mi sangre apenas circulaba. El cerebro, en su exigencia de continuar funcionando, ejercía de mínima bomba, pero era insuficiente. Todo lo que se encontraba alejado de la cabeza, tenía como plasma sanguíneo una materia que ya no era líquida. 

Casi rígido, sin posibilidad de levantarme ni de hablar, no me quedaba más que permanecer en el sofá, escuchando los ruidos de alrededor, viendo, cada vez de forma más difusa, las cuatro paredes que me rodeaban.

Mi cerebro, mientras, seguía a lo suyo. Parecía que nos habíamos disociado, aunque yo era capaz de seguir su flujo de razonamiento, que durante tanto tiempo fue el mío. Era preocupante que siguiera con los asuntos de un día que nunca va a volver. ¿ Alguien se imagina que un condenado a muerte, en la silla eléctrica, se pusiera a pensar en qué iba a cenar al día siguiente o en como reparar la instalación eléctrica ? Sí, ese estaba siendo mi final, un despropósito.

La oscuridad, quizás por la imposibilidad de mantener mis párpados abiertos, quizás porque el nervio óptico ya se había cegado, empezaba a ser completa. Horas y horas mirando estas paredes, sintiendo ese olor, mi fetidez tan palpable, impregnando toda la casa y mis recuerdos. No es agradable morirse sabiendo que tu último legado es este miasma tan pestilente.

Los últimos ruidos que oi fueron en la puerta. Bomberos y policías entrando en el piso, alertados por un vecino. El olor, ese maldito olor, había denunciado ante la sociedad el abandono de mi corazón. Y mientras, mi cerebro pensando en lo que le costaría arreglar la puerta después de que hubiera sido derribada.

domingo, 29 de noviembre de 2009

espectador improvisado anonadado

( odio borrar tres párrafos que me habían quedado bien, pero a veces hay que borrar, empezar de nuevo y dejar la casa en orden )

El mejor momento de tu vida. Sí, ese que solo podrías recordar con una sonrisa infinita de felicidad, como un recuerdo placentero que se repite cada vez que se evoca. No, no me refiero a algo que dure, no, me refiero a un instante: ese primer beso a la luz de una hoguera, ese gol, casi imposible, que dio el título a tu equipo por primera y única vez, ese abrazo que te recordó, de pronto, que los sentimientos son tan necesarios como la sangre y el alimento.

Visualiza esa escena, sacate de ella. Contemplala desde fuera como si fuera un documental. Es probable que, ahora, la emotividad cambie. Ya eres una tercera persona, no un protagonista. Quizás te veas torpe, o quizás te sientas orgulloso de ese actor que te está recreando. Ya has creado el decorado en tu mente, ya tienes a los actores reviviendola, cambiemos el guión.

Por un rincón, por una esquina que la cámara apenas lo vea más que de lejos, mete un elemento absurdo: un payaso tocando una bocina, un marciano fumandose un puro, un mono, verde como la hierba fresca, disfrazado de superhéroe. Mientras entra en escena, cambia la banda sonora, o pon una. Algo estrambótico, algo que desvirtue el momento y le de la vuelta, tirandolo al suelo, pisoteandolo.

Espera, aún no hemos acabado, el personaje invitado no puede limitarse a dar vueltas como parte del decorado, tiene que intervenir. Es parte de la escena, parte importante. Te roba protagonismo, comparte esa parte de la gloria.

Ahora en tu butaca estás incómodo, la escena es otra, irreal, absurda. Una parodia de la realidad. Una burla, desafinada y cruel, de tu mejor momento. Has convertido el momento cumbre de tu vida en un número tragicómico, carente de sentido. Sólo te queda elegir si llorar o reir.

Yo recomiendo reirse: a fin de cuentas, aunque la vida se convierta en una película barata de ficción carente de sentido, ya hemos pagado el precio de la butaca y estamos obligados a verla, con sus deformaciones, con sus cambios absurdos del guión, hasta el final.

¿ Cuánta gente podrá decir que, en su primer beso, había un mono verde al lado animandole ? 

Ahora, cada vez que pienses en ese instante, puedes, oh, maravilla, reirte dos veces. Nada como sobreescribir, ligeramente, lo sencillo de la vida con dos rotuladores de colores y una espátula.

Y así, señores, se escribe la historia, añadiendole detalles que hagan que valga la pena recordarla y contarla.

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( nota del autor: si en lo anterior se cambia todo por imaginarse que uno es Kaká o Xavi Alonso, que ha dado una lección en el Camp Nou, que a pesar de eso ha perdido, y que encima al final del partido Raúl estaba trotando por el campo al lado tuyo, la situación es similar, aunque ahí es más jodido reirse ).

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( nota segunda del autor: si alguien es un mono verde al que le gusta ir vestido de superheroe, que sepa que no tengo nada contra él. Ha sido un tópico gracioso, como los leperos en España, los belgas en Francia o Moratinos para cualquiera que se lea los periódicos )

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( nota tercera del autor: si eres Moratinos y lees esto, dimite y pon en tu lugar a un mono verde vestido de superheroe. Mejor nos iría a todos )

sábado, 28 de noviembre de 2009

Primera remesa de libros

Para no comentar los siete libros de golpe, empiezo ya con los cuatro que están leídos. Un poco de todo en este extraño popurri, popurri...

- "Cosas que pasan", de Luis Goytisolo
Esperaba algo totalmente distinto ( se ha cubierto de gloria el de la contraportada ) y me he encontrado con una especie de autobiografía del autor. Está muy bien escrito, ciertamente, tiene grandes pasajes, grandes frases, grandes ideas, pero hubiera estado bien conocer previamente su obra, tener algo más de contexto. Como primer libro del autor no triunfa, me temo...

- "El pibe que arruinaba las fotos", de Hernan Casciari.
Casciari es un autor "moderno". La mayoría de lo que puebla sus libros nace en su blog, y desde allí, reagrupado y editado pertinentemente, va dando forma a sus novelas, que acaban siendo relatos habilmente enlazados. Escribe bien y pisa suelo conocido ( es raro el haberse leido ya algunos textos ) y transpira humanidad por los cuatro costados. Un libro fácil, que da gusto pagar por él para que Hernán siga teniendo con que comer y pueda seguir escribiendo su blog tranquilamente. Como curiosidad, el libro puede descargarse de su blog, si no ando equivocado.

- "La mecánica del corazón", de Mathias Malzieu
Me encantan los cuentos, los adoro. Así que leerme un libro que promete ser un cuento original sobre el amor imposible me llama inicialmente. Un niño, que nace en una fría mañana de Edimburgo, y tienen que ponerle un reloj junto al corazón para darle cuerda y que no se le pare. Claro, que para evitarle riesgos, no puede amar...
Por desgracia, se queda muy flojito, intrascendente. Tiene alguna escena que promete, algún momento que estás convencido que la versión de animación ( Luc Besson va a hacerla para 2011 ) va a hacer memorable, pero no el libro.
Decepcionante...

- "La soledad de los números primos", de Paolo Giordano
Un libro maravilloso, que debiera convertirse en un clásico. Dos protagonistas algo extremos, marcados cada uno por una tragedia en su infancia, y su relación a lo largo de los años. Personajes perfectamente definidos, con unas personalidades extremas, pero con las que resulta fácil identificarse. Dolor como sentimiento predominante. Soledad como lo que rodea todo el libro y nunca logra resolverse.
Una joya, totalmente recomendable. Un descubrimiento ( gracias a facebook y una amiga a la que tengo abandonada pero lo puso como leido hace no mucho... Vale para algo facebook! )

La habitación 132

Imagina a un hombre, solo, en una habitación de algo que parece un hotel. Es un cuarto pequeño, ocupado mayormente por una cama pensada para dos personas, en las que nuestro hombre se ve pequeño, diminuto. Quita las ventanas, o aún mejor, pon unas cortinas que no pueden descorrerse, pesados mantos que dejan pasar algo de luz, pero no dejan vislumbrar lo que hay fuera. Hay un baño en la habitación, pero nos da igual. Una televisión en un rincón, apagada y, posiblemente, estropeada. Libros, de diferente temática, completan la estancia. 

Ese hombre, ese ser humano, es la definición absoluta de la soledad. Lejos de nada a lo que pueda llamar hogar, abandonado al trato con sus semejantes, perdido entre unas sábanas y una colcha destinadas a cubrir amores de fin de semana y escarceos fugaces.

La vida de ese hombre transcurre donde él no está, y sus sueños no entran en esa habitación enmoquetada. 

Pero aún así, sonríe. Aún así, camina erguido y no llora cuando cae el sol. Sabe que en algún momento dejará esa habitación, ese colchón, y partirá allá donde la vida no sea en blanco y negro. 

Ese hombre sabe que, por algún extraño motivo, aún hay esperanza. Y sólo tiene que hacer la maleta, una vez más, para ir a buscarla.

viernes, 27 de noviembre de 2009

El estado de derecho

Doce periódicos catalanes, doce, unen sus voces para decirle al tribunal constitucional como hacer su trabajo. Atraviesan un lodazal de tópicos comunes y manidos sobre Cataluña y España, juzgan la composición del tribunal Constitucional y dicen, por sus santos cojones, que el estatuto está bien como está, que mejor haría el constitucional estandose calladito.

Desfachatez es lo primero que viene a la cabeza. ¿ Quienes se han creído esos periodistas para decirle al tribunal constitucional, uno de los pilares del estado de derecho, como tiene que hacer su trabajo ? ¿ Quienes se han creido para decir que una ley, porque la vote el 49,6% de los catalanes, ya es constitucional ? 

Los periodistas, tan orgullosos siempre de ser ese cuarto poder, se han vendido a esa oligarquía catalana a la que le interesa promulgar el estatuto, el hecho diferencial, los tópicos que les mantienen a ellos arriba y al resto, apartados. 

Vergüenza la de estos doce:  'La Vanguardia', 'El Periódico', 'Avui', 'El Punt', 'Segre', 'Diari de Tarragona', 'La Mañana', 'Diari de Girona', 'Regió 7', 'El Nou 9', 'Diari de Sabadell' y 'Diari de Terrassa'. Vergüenza especialmente por la Vanguardia, que suele destacar por un periodismo de una calidad superior a la media.

El editorial, por cierto, en este enlace
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Ya es viernes, ya queda menos para que esto se acabe y poder volver a los horarios normales de Madrid... Empiezo a acumular cansancio, dos días mal durmiendo ya pasan factura...
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Llevaba tiempo sin hablar de política, porque me da vergüenza ajena, pero es que esto ha sido tremendo. Luego dirán ¿ porque les caemos mal ? Por creeros por encima de las leyes, básicamente.

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Esto de no salir los jueves es un coñazo... Y lo de currar de noche ya ni lo menciono

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Besos, muchos besos a todos. Sobre todo a ti.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Castillos en el aire


Un castillo en mitad de una llanura. Una fortaleza para defender todo aquello que abarca la vista, para atemorizar a los enemigos, para proteger a los vasallos. Unos gruesos muros que aguantarán cualquier ataque, unas torres inexpugnables.

Pero el enemigo es sutil, no ataca directamente. No carga contra aquello que sabe invencible, sino contra la población de alrededor, contra los campesinos en sus casas. A estos, viendo la estrategia, no les queda más remedio que correr hacia el castillo, pedir asilo. Las puertas se abren para ellos, y hordas de campesinos llenan todos los rincones de la fortaleza. El campo de alrededor queda vacío, las casas, despobladas. Algún animal suelto vagabundea curioso.

El enemigo se sabe ganador. Su ejercito sitia el castillo, impide la entrada de víveres, de aprovisionamientos. Mientras tanto, el exceso de población que tenía en su territorio, ocupa de nuevo las deshabitadas chozas que quedaron. El campo vuelve a ser cultivado, el molino gira, el horno, empieza a hacer pan.

El castillo se convierte en una tumba de la que sus defensores no pueden salir. El hambre y las enfermedades van acechandoles y golpeandoles uno a uno. Ni siquiera se permiten algún gesto heroico contra los sitiadores. Se mantienen orgullosos dentro del muro, castigados por su inoperancia, pero felices de no ser muertos por el enemigo, sino por sí mismos.

El enemigo nunca llego a saber cuando murió el último habitante del castillo.

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Hay fotos que tocadas un poco, aunque se note claramente, ganan bastante...

Es difícil dormirse a medio día, el cuerpo se niega... Esperemos que hoy se le haga más fácil y descanse un poco más, sólo un poco más.

Primer libro leído. Mañana, el segundo. Iré contandolos por aquí agrupados...

Sean felices, seanlo allá donde se encuentren... Yo intentaré lo propio desde aquí...