viernes, 11 de diciembre de 2009

Uno más



Sï, somos miles de personas buscando un destino, empujándonos por una calle que da igual el ancho que tenga, porque la colapsamos. Somos como granos pegándonos en un reloj de arena por ver quien es el siguiente en caer al vacío.

Luces brillantes, ruidos de infinidad de orígenes, rostros que se cruzan de mujeres, de hombres, de niños. Caras que te miran sin verte, ojos que, cuando te alcanzan, te tratan sólo como el obstáculo que eres en su camino.

Gente que camina despacio, porque no sabe donde está. Gente que camina deprisa, porque no sabe donde va. Todos, perdidos, juntos, terrible rebaño de mente ausente, paciendo en la gran ciudad.

Sólo soy uno más entre la masa. No destaco. Nadie lo hace.

Me dejo llevar.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Juego friki: small world

Hemos decidido comprarnos unos juegos de tablero frikis para ir completando la colección de los que ya tenemos. Sí, Agricola o Puerto Rico acabará cayendo, que ser número 1 y 2 en el board game geek no lo consigue cualquier juego. La primera compra ha sido el Small World, un juego estilo risk, pero más rápido, limitado en turnos, más divertido, muy recomendable. De dos a cinco jugadores, que van pegandose por ir ocupando diversas regiones con sus razas. 

Muchas cosas positivas: tablero muy bonito, distinto según el número de jugadores. Mucho cartón, muchas piezas muy trabajadas, con unos dibujos bastante chulos. Hay un dado, pero se usa poco. Odio los juegos que dependen de los dados ( sí, Catán, a ti especialmente ). Hay pocas opciones por turno, por lo que se aprende rápido y no se gasta mucho tiempo pensando. Y tener un principio infame no te condena, puedes remontar. De los pocos juegos que, el primer día que lo probamos, conseguimos acabar la partida. La combinación aleatoria de razas y poderes especiales hace que cada partida pueda ser distinta, lo que le añade algo de longevidad al juego. Aparte de que los nombres que acaban quedando son muy graciosos, recuerdo a los gigantes voladores, los hechiceros diplómaticos, los hombres rata del dragón...

Cosas negativas: que he quedado último!

lunes, 7 de diciembre de 2009

time goes by so slowly

El despertador sonó esta mañana mucho más grave que otras veces. También duró mas tiempo el tono, prolongandose más allá del habitual golpe al despertador. Salí pausadamente de la cama, quitandome unas sábanas que parecían negarse a moverse. La leche del desayuno y el zumo, apenas fluían, detenidos en su camino por algún obstáculo invisible.

El motor del ascensor parecía no trabajar, agonizaba en largos ruidos que se correspondían, irónicamente, con lentos descensos hasta el garaje.

Los coches, fríos, se arrastraban por la carretera, semi vacía, pero ausente de ritmo, como si miles de guardias estuvieran vigilando el trafico y todo el mundo estuviera atemorizado, frenando más que acelerando.

En el trabajo, ni el cafe era capaz de hacer que el reloj se moviera a la velocidad esperada. Lentas las manecillas, lento el tic tac, lento el tiempo que hoy había decididoacompañarnos mas que nunca. El repiqueteo de los teclados parecía el de una marcha solemne, pesada, densa, reforzada. Cada tecla se mantenía pulsada el doble de tiempo y sonaba como un golpe a un tambor de hojalata.

La comida se consumió despacio, en un deseo de prolongarla y en un sentimiento de que se iba a alargar. Falto levantarse a recalentar algún primer plato en esos micro-ondas que hoy se comportaban casi como hornos.

Según la hora de salir se acercaba, más faltaba para que las agujas llegaran a su destino. Parecían retroceder para coger un impulso que nunca conseguían. El aire se volvía espeso, la vista, difusa, el ánimo, se vencía.

La hora llegó, salimos, corrimos. EL mundo volvió a coger vida. ¡ Qué malo es trabajar un lunes de puente!

viernes, 4 de diciembre de 2009

Çe fini

Hoy concluye el trabajo de estas últimas dos semanas ( regalo de esta vez, una bandolera, bastante chula, para el portatil ). Qué ganas de volver a casa!

Como esto finaliza, también se acaban los libros leídos aquí. Ninguno ha quedado pendiente, una perfecta sincronización.

- La caverna, de Saramago. 
Tenía yo crucificado a Saramago por otro libro suyo, el hombre invisible, o algo así, un tostón que no había por donde cogerlo, así que le tenía marginado. Alguien me convenció de que me leyera ensayo sobre la ceguera, que era un gran libro. Y con ese gesto, pues nada, le incluí de nuevo en la lista de autores legibles. Elegí la caverna, lo vi antes en la casa del libro. Y el caso es que me gustó, el estilo es diferente al habitual, las ideas que va a contar son claras, y apenas hay sorpresas, pero se lee muy bien. Queda clara la lucha entre esa sociedad deshumanizada y esa familia que lucha casi sin fuerzas contra ella. Esa falsa sociedad, tan límpida y artificial, y la dureza del campo y de la vida. Buen libro, sin duda.

- Norwegian wood, Haruki Murakami. Uno de los libros más conocidos del autor, del que había leído una colección de relatos que me había encantado. Aquí, me emociona menos. Hay una parte d mi que se aleja del libro al ver algunas de las actitudes y comportamientos de los japoneses. Pensar, los japos están como cabras ha sido constante en varios pasajes. Los personajes, por otra parte, son todos demasiado extremos. Sí, es parte de la idea del libro, pero falta alguien, algo, que enlace un poco con la gente de la calle, no se como decirlo. Un libro de emociones, sentimientos y gestos que uno contempla desde fuera pierde mucha fuerza. Supongo que es cosa mía, una lástima.

- Nocilla Lab, Agustín Fernandez Mallo. Final de la trilogía. El libro es un cuadro de arte moderno, un happening, una performance. Sólo tiene dos posibilidades, puedes odiarlo y desear tirarlo, pensando que es una tomadura de pelo, o puede encantarte. Por suerte, me he quedado con la segunda opción. Se aleja un poco de los otros dos libros, aunque la forma, aún cambiandola, es similar. Historias que se entrelazan para ir avanzando hacia un sitio que realmente es lo de menos. Aquí, en diferencia con los otros libros, se dirigen a un final narrado de forma tradicional. Un final extraño que, posiblemente, sea lo peor de la trilogía. ( Anda, como el Señor de los Anillos. ¿ Alguien que remate bien trilogías en la sala ? )

Así que aquí poco queda por hacer.... Cerrar la maleta, cenar, ir al aeropuerto, y volver a Madrid, mi Madrid...

jueves, 3 de diciembre de 2009

notas olvidadas

Bajar del avión, alquilar un coche, carretera. Salir del coche, pasar por recepción, subir la maleta por las escaleras. Abrir la habitación, encender la luz, apagar el aire acondicionado. Tirarme en la cama aún vestido. Ver, en la mesilla, una nota manuscrita y olvidada en otro idioma, que traduzco: "Llegamos a este hotel sin saber muy bien cual era el camino hacia él, ni donde nos habíamos equivocado para acabar juntos en ese coche, en esa carretera, en esas sábanas sudadas. Ahora, me voy antes de que despiertes, buscando otro camino en el que extraviarme, en el que espero que nos encontremos"

La nota ya está en la papelera. Hay gente que no sabe despedirse en silencio.

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- No he puesto el manifiesto que puebla todo internet porque me parecía algo tan obvio, tan insultante la ley, que caía por su propio peso. A ver como la dejan. Interesantemente, las redes sociales, los blogs y demás avances tecnológicos están creando un cuarto poder real ( la prensa está en un declive vergonzoso ): la sociedad civil.

- Aminetu Haidar ha conseguido, con una huelga de hambre, más repercusión que todo el esfuerzo hecho por los voluntarios y el Polisario en años. En cuatro semanas, todo olvidado. Es triste que haya que llegar a esto para generar noticias ( ver el paréntesis del párrafo anterior ). Me ha llegado un viaje, organizado por los voluntarios, ongs y demás que colaboran con el pueblo saharui, para ir del 28 de diciembre al 3 de enero. Llega a haberme llegado antes y se pasa la última semana del año trabajando en Francia quien yo me se...

- Lo leeras mañana, si lo lees, pero felicidades! ( y no me digas que te vas a quedar en casa cuidandote y luego tengas un evento en facebook de cañitas, borrachín!!! Porque estoy a tres mil kilómetros, que la colleja te la llevabas )

miércoles, 2 de diciembre de 2009

inventé el mundo entre tus piernas de azafrán

Vi una ardilla, la seguí. Se convirtió en una cabra y subió a un monte. Troté tras ella, mientras dejaba atrás restos de mi piel de cebra. Al llegar a la cima, siguió saltando de nube en nube. Yo, para no ser menos, me columpiaba por las corrientes de aire, cual amapola, lindísima amapola. Cuando las nubes iban a acabarse, al menos las que estaban a buen precio, se arrojó desde lo alto en busca de hortalizas, cayendo en forma de otorrino. Yo esperé a acabarme el café, y la seguí, pero preferí ir por las escaleras, era más seguro. Aunque llevaban sin limpiarlas desde el día en que pintaron el cielo de verde.

Llegamos al suelo casi a la vez, yo sobre un huerto de paraguas, ella sobre un campo inútil, donde sólo crecía el dinero. Aleteó cual mariposa. Tras su rastro, la seguí disfrazado de serpiente. Cambié pronto, la tripa se me rozaba con los cardos, y debía devolver el disfraz a la reina de corazones.

Entramos en una fiesta en la que no nos habían invitado, pero, por suerte, pasamos a ser los anfitriones. Nos agarramos del brazo, ofrecimos canapés que habiamos hecho horas después, y deleitamos a todo el mundo con nuestra bien ensayada muñeira. Luego, nos retiramos a nuestros aposentos, lo que supuso dejar la fiesta, a los invitados, a todo el mester de clerecía y a una pareja de espadachines muy simpáticos, sobre todo el moreno. Ella fue por la izquierda, yo también, pero cogiéndola por el otro lado, para no ir juntos. No nos perdimos porque ibamos de la mano.

Abrí la puerta después de que ella entrara, me quitó la ropa después de que la hubiera arrojado al suelo, me besó después de haberme besado mil veces. El mundo se acabó esa noche, o esa mañana, pero , por suerte, supimos reconstruirlo debajo de las sábanas, olvidandonos pocos detalles, escasos matices y a los unicornios.

Aunque creo que lo que inventamos quedó demasiado básico, demasiado plano, y todo el mundo, cuando le cuento el origen de este mundo, piensa que estoy loco. 

Tendré que volver a encontrarla, reinventarnos y reescribir esta absurda historia de nuevo, pero se me olvidó que personaje la tocó. 

Seguiré persiguiendo ardillas, hasta reconocerla en alguna.

martes, 1 de diciembre de 2009

Algo huele a podrido en Dinamarca

Era el olor lo que lo demostraba. Sin duda. A simple vista no se notaba todavía, pero quedaba esa huella en el ambiente, tan característica. Me había muerto y estaba empezando a pudrirme. 

Sí, había leído muchos relatos de muertos vivientes, de zombies, de muertos que resucitan, pero esta vez era diferente. Mi corazón había decidido pararse, pero mi cerebro, ignorante de todo lo que le rodeaba, como siempre, había decidido seguir funcionando, ignorante de haberse convertido en un parásito en una carcasa condenada a desintegrarse lentamente.

Mis músculos empezaban a agarrotarse, carentes del oxígeno que mis pulmones no bombeaban. Hubiera dado igual que funcionaran, porque mi sangre apenas circulaba. El cerebro, en su exigencia de continuar funcionando, ejercía de mínima bomba, pero era insuficiente. Todo lo que se encontraba alejado de la cabeza, tenía como plasma sanguíneo una materia que ya no era líquida. 

Casi rígido, sin posibilidad de levantarme ni de hablar, no me quedaba más que permanecer en el sofá, escuchando los ruidos de alrededor, viendo, cada vez de forma más difusa, las cuatro paredes que me rodeaban.

Mi cerebro, mientras, seguía a lo suyo. Parecía que nos habíamos disociado, aunque yo era capaz de seguir su flujo de razonamiento, que durante tanto tiempo fue el mío. Era preocupante que siguiera con los asuntos de un día que nunca va a volver. ¿ Alguien se imagina que un condenado a muerte, en la silla eléctrica, se pusiera a pensar en qué iba a cenar al día siguiente o en como reparar la instalación eléctrica ? Sí, ese estaba siendo mi final, un despropósito.

La oscuridad, quizás por la imposibilidad de mantener mis párpados abiertos, quizás porque el nervio óptico ya se había cegado, empezaba a ser completa. Horas y horas mirando estas paredes, sintiendo ese olor, mi fetidez tan palpable, impregnando toda la casa y mis recuerdos. No es agradable morirse sabiendo que tu último legado es este miasma tan pestilente.

Los últimos ruidos que oi fueron en la puerta. Bomberos y policías entrando en el piso, alertados por un vecino. El olor, ese maldito olor, había denunciado ante la sociedad el abandono de mi corazón. Y mientras, mi cerebro pensando en lo que le costaría arreglar la puerta después de que hubiera sido derribada.