viernes, 29 de enero de 2010

Espejo

El que está al otro lado del espejo no puedo ser yo, porque es un cobarde que no se atrevería a enfrentarse a sí mismo. Nos miramos de reojo, incapaces de soportarnos las miradas. Barba descuidada, pelo salvaje, ridículo. Casi diría que le falta higiene y educación a esta perversión de mi imagen. Además, está más gordo que yo. Diría que, si pudiera olerle el aliento, olería a alcohol barato, de ese en que se intentan ahogar recuerdos dolorosos que siempre se mantienen en la superficie, apoyados en la espuma de la cerveza, en los hielos de las copas.

Mi imagen desfigurada soy yo mismo acabado, carcomido por mis miedos y mis miserias. 

Alzo los ojos y, decidido, los clavo allí donde espero encontrar su fiel imagen. Nada queda en ese espejo. Han pasado de verse mis miserias exteriores a que se vea lo me queda vivo dentro. El vacío que me consume, dejandome como una brizna de aire que nada es.

Desaparezco a ambos lados del espejo a la vez. No había realmente nada en ninguno.

martes, 26 de enero de 2010

finales trágicos

Echa la vista atrás, hasta el rincón donde la memoria se entremezcla con las sensaciones de la niñez. Arrastrala luego, lentamente, hacia delante. Un día, perdido en esos recuerdos, apareceré yo, difuso, con una ropa distinta a la que probablemente vestía, con unos rasgos más parecidos a los actuales que a los que tenía en aquel instante. Poco a poco, según sigas dejandote llevar hacia el presente, verás que mi figura va y viene cada vez con más frecuencia, cada vez con más sonrisas, cada vez con más emociones. Te detendrás, porque aún lo recuerdas, en ese beso que nos dimos y que tu memoria hace que dure más, signifique más, sea mucho más dulce. Luego, mientras ese momento va quedando atrás, vendrán las lágrimas, los lamentos, las discusiones. Vendrá el olvido, y volveré a quedarme, diluido, en un rincón, con una ropa cercana a esta que llevo ahora, con este rostro.

Pero más borroso.

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Ella me dice que no fue como lo cuento. Puede que no, pero fue como lo vivimos.

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No se me olvidó sonreir, solo se me olvidó el motivo de hacerlo.

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En ese rincón, la vida se acabó a la vez que nos decíamos adiós.

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Teníamos tan poco que decirnos, que no llegamos nunca a despedirnos.


lunes, 25 de enero de 2010

Dime

Dime que es eso que oigo, que suena perdido entre los laberintos de tu pelo. Dime cual es ese sonido que roza tu piel, mi piel, que sueña con ser algo más que un recuerdo. Dime que esa música que tocan mis dedos por vez primera y de memoria, mientras los tuyos les siguen a duo por las partituras de mi pecho. Dime porque gritas, frenética, porque chillas al viento, porque rompes el silencio aullando en mi oído lo que siento. Dime porque respiramos acompasados, a ese ritmo que nos hemos inventado y coordinamos con nuestro aliento y nuestras lenguas. Dime porque casi pierdo la conciencia entre tus piernas, entre tus labios, mientras te oigo dentro, muy dentro. Dime de nuevo que esto no va a acabarse nunca, porque el tiempo está embobado mirandonos hacer esculturas con las sábanas. Dime que dormiremos después abrazados. Dime... 

jueves, 21 de enero de 2010

Dolor, dulce dolor

El dolor se apodera de mi cuerpo, me desgarra a cada paso, a cada momento. Caigo, porque en pie aguantarme ya no puedo. Grito, porque por algun sitio tengo que liberar el torrente que golpea mi cuerpo a cada instante, intentando derumbarlo desde dentro.

Cuando el cuerpo es simplemente un estallido de dolor, un sufrimiento que no se acaba y que repica por todas las venas, las arterias, los organos internos y convierte el esqueleto en una caja de resonancia a una frecuencia que no quieres escuchar, el mundo parece durar eternamente en cada segundo, pero realmente no avanza. Se queda detenido mientras agonizas, esperando tu final, que nunca llega.

Me desmayo y mi consciencia me libera de la carga.

Nunca despierto.

lunes, 18 de enero de 2010

sueños infantiles

La profesora quería que los niños escribieran algo más original que sus habituales redacciones de las vacaciones, así que les pidió que, durante la clase de ese día, escribieran un sueño que hubieran tenido. Mientras todo los niños sacaban los bolis y las hojas, en la última fila, un niño, sentado al lado de la ventana, empezó a ponerse nervioso. No recordaba ninguno de sus sueños y los nervios no le ayudaban. Sus compañeros escribían cuentos de animales extraños, héroes, y él, delante del folio vacío, no sabía que hacer. Así que hizo lo único que se le ocurrió para recordar un sueño que contar: dormirse.

Años después, aún seguía preguntandose porqué la profesora se había enfadado tanto de que se esforzara por hacerla caso. 

domingo, 17 de enero de 2010

a past and future secret

He vuelto a leer hoy por internet ese tópico de "si desde el pasado pudieras ver como estás ahora, ¿ estarías orgulloso de ti ?"
Sí, es absurdo, pero es una forma de contrastarnos contra lo único que nos acompañará toda la vida, nosotros mismos. Si con doce años hubiera podido verme tal cual soy, ¿ querría repetir todo de la misma forma ? ¿ iría por el mismo camino ? 

Es una pequeña trampa recurrir a los doce años, ciertamente. A esa edad, aún no se sabe lo que es la vida. A veces a los treinta tampoco, que cojones... ¿ y si fuera a los dieciocho cuando pudiéramos atisbar nuestro presente ? ¿ o justo al acabar la carrera ? 

¿ Y si el que nos viera fuera nuestro yo de hace solo dos años? ¿ Nuestras últimas decisiones las habríamos mantenido ? ¿ No le haríamos cambiar ni una coma, pedir ni una disculpa, ahorrarse problemas y líos ?

Ver el futuro es imposible, por suerte. Aunque, ojalá a veces se nos dejara ver el pasado para darnos cuenta como fue realmente, y que no pudiéramos cambiarlo con los recuerdos y sensaciones subjetivos del presente...

sábado, 16 de enero de 2010

Paisajes que nadie podrá ver

Un paisaje arrasado y desolado a mi alrededor. Todo el espacio que mi vista abarca, es un infinito erial de polvo y desolación. Este es el monumento al progreso en el que hemos convertido al planeta. Recuerdo todos nuestros sueños pretéritos, los comparo con aquello que contemplo. Lloro. Es un engorro cuando llevas puesta la máscara que hace falta para respirar en la superficie.

Nadie tiene muy claro en que momento nos refugiamos en las cuevas. ¿ Fue durante las guerras nucleares ? ¿ Cuando dejó de haber agua fluyendo por los ríos y toda la vegetación se convirtió en un mero recuerdo ? ¿ Cuando las plantas al desaparecer dejaron de generar el oxígeno que necesitábamos ? La superficie se convirtió en una zona inhóspita, abandonada, donde nada se hacía y nada se esperaba. Los restos de la civilización los había extinguido el agresivo viento que las cada vez más habituales tormentas de arena levantaban. Nada vivo y pluricelular podrá vivir aquí hasta dentro de miles de años.

Habíamos quemado el planeta, habíamos extinguido millones de formas de vida. Somos unos pocos miles los que quedamos, viviendo de esta forma precaria y casi post-apocalíptica, meros supervivientes de una raza condenada. Hace siglos cometimos dos errores: nos olvidamos de preservar nuestro mundo y abandonamos la idea de colonizar ese mundo cercano, con posibilidades, que es la Tierra. Marte se nos murió entre las manos...