miércoles, 13 de octubre de 2010

minería

Lo que nos identifica como especie no es como nos enfrentamos unos con
otros, ni nuestro afán de conocimiento, ni nuestra tecnología capaz de
dominar el planeta. Lo que nos distingue es ese canto a la vida
continuo que hacemos, aún cuando sabemos que moriremos rápido, antes
de lo que pensamos. El 20 de junio murieron 46 mineros en China. Ese
día y el siguiente, se publicó la noticia por todo el mundo. El día
22, el 23 como muy tarde, fue olvidada. El 5 de agosto, apenas mes y
medio después, 33 mineros quedan atrapados en una mina chilena. Los
detalles son conocidos por todos. Jamás se han visto tantas portadas,
tantas noticias, tantos detalles, un país entero movilizado durante
semanas siguiendo a esos 33 pobres trabajadores que salvaron la vida
igual que pudieron haber muerto en el terremoto. Pudieron haber
desaparecido del planeta ese día, y dos después, de cualquier
publicación.

Pero a los humanos nos gustan estas historias. Reto, superación,
situaciones límite que parecen van a superarse. Familias angustiadas
esperando a que aparezcan en ese tubo de metal como un regalo de
cumpleaños que están deseando abrir. Como especie damos vergüenza en
muchos momentos, pero hay algunos, pocos, en que nos damos cuenta que
es lo que nos lleva hacia delante, que es lo que nos impulsa. En que
todos arrimamos el hombro, perforamos el planeta, vencemos a un
terremoto, y resucitamos a 33 mineros cuyos nombres quedarán grabados
para siempre en la historia.

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Los comentarios de lo que hubiera pasado en España con nuestros
políticos, nuestro odio a la bandera y nuestras rencillas van a un
lado.

Agua

Un mar desconocido, fruto de una pelea entre tempestades y tormentas a
millas de la costa. Olas furiosas, olas agitadas, olas que golpean la
costa intentando herirla, llenándola de sal, espuma y agua. Olas que
no saben comportarse, enojadas como niños pequeños en una pataleta que
las lleva a hacer el mayor daño posible. Olas que embisten contra mi
piel, mientras aguanto sus embates retrocediendo unos pasos. Olas que
cubren mis piernas, mi torso, mis hombros, mi cabeza buscando
derribarme. Me tambaleo, pero no caigo por su golpe. Me derrumbaré
después por el peso de la arena en los recuerdos.

El agua después cambia del combate cuerpo a cuerpo al bombardeo
periódico y agónico de una tormenta inacabable. El cielo se abre, las
gotas convertidas en alfileres y piedras caen, y no queda sino
cobijarse allá donde se pueda. La ropa se empapa en menos de un
minuto. Los coches se detienen, asustados. El fuerte aguacero se
combina con el viento para pegarse a la piel y a los huesos, para
calar las gafas, para convertir el estar de pie en una inmersión en un
riachuelo urbano. La única ventaja de este llanto del cielo es que
sirve para camuflar el propio. La naturaleza oculta nuestras
debilidades gracias a su fortaleza. Puedo llorar y seguir siendo
invisible. Lo hago.

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Pequeño y literalizado homenaje a las grandiosas olas más propias de
otros mares que vimos el lunes, y a la tormenta que nos obligó a salir
tres horas más tarde a carretera del martes.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Sólo para tus ojos

Ahora estás sentada delante del ordenador, en un breve momento de
descanso, saltando de un blog a otro, viendo las nuevas publicaciones.
Ahora lees lo que yo escribí para ti hace unas horas. Piensas que no
es para ti, claro, que está escrito para otra persona. ¿ Cómo iba a
ser para ti ? ¿ Por qué iba yo a escribirte algo ?

Aunque en el fondo sabes bien porqué es ¿no? En el fondo de tu alma
sabías que esto acabaría pasando, aunque no pensabas que sería así, no
pensabas que sería hoy. Pero a veces hay que dar ese paso adelante,
dejarse llevar, escribir lo que ya sabes, que leas lo que te he dicho
tantas veces sin palabras.

Así que ahora mismo estamos tú y yo, solos cada uno en una habitación
lejana, pegados cada uno a un lado de este monitor en el que se
reflejan tus ojos. Estamos unidos por estas frases, enlazados un poco
más con cada palabra, con cada punto y seguido. Tu respiración ahora
es más lenta, y ha cambiado tu velocidad de lectura. Puedes oir tu
corazón marcando el ritmo de tu lectura. Casi puedo oirlo yo, que noto
como vas leyendo estos párrafos. No lo notas, pero mi pecho sube y
baja al ritmo que marcan tus pulmones. Y ese ratón que tienes ahí es
casi una prolongación de mi mano, en la que puedes relajar la tuya
mientras lees. Hazlo, aprieta mi mano. Sientela.

Ahora que ya estamos solos, que sabes que estoy hablando
exclusivamente contigo, sabes que no hace falta que te diga lo que
tengo que decirte, ¿verdad? Sabes palabra a palabra lo que te diría,
lo que saldría de mis labios si estuvieras aquí delante. Escuchame
decirtelo, siente mi voz leyendo esto, envolviendote. Desde la
pantalla a detrás de tu silla, susurrándote al oido, una mano a tu
hombro, acariciando levemente tu cuello. Sí, puedes oirme ahora
perfectamente, lo se. Sabes que estoy ahí contigo. Diciendote en
apenas un susurro todo lo que sabes que te iba a decir. Sílaba a
Sílaba. Palabra a palabra. Frase a frase. Con mi voz deslizándose por
tu piel, mis palabras por tu pelo.

Y ahora no me queda sino volverme a la pantalla, dejar que tus ojos
sigan recorriendo estas líneas hasta el final. Despedirme de tu
mirada, de tus sentidos. Despedirme de ti por ahora.

Esperar la respuesta a todo lo que te he dicho...

martes, 5 de octubre de 2010

Comprando

La tienda era especialmente amplia, casi tenía dimensiones de cadena de electrodomésticos. Anchos expositores, pasillos por los que poder caminar sin agobios, altos techos. Un sitio donde pasear cómodamente mientras se miraba el producto a comprar con calma, sin dejarse llevar por las prisas ni los codazos de pasillos atestados y otros clientes empujando por ser los primeros. No allí. Uno podía pasar el tiempo que quisiera viendo las virtudes de cada producto, comparándolo, leyendo las especificaciones. Los compradores sabían que allí no había forma de demostrar cuál se adecuaba mejor a sus necesidades, así que tenían que confiar en su instinto. Un porcentaje de los compradores se dejaba llevar por esa primera impresión, otros llevaban listas escritas en casa con lo que buscaban, por lo que iban marcando y tachando hasta encontrar el que mejor se amoldaba a su idea inicial, otros estaban horas y horas cambiando de perfil, mirando desde todos los ángulos, leyendo y releyendo toda la información disponible.

Finalmente, uno elegía al suyo, lo echaba a su carrito, y se iba a pagar a la caja. La verdad es que la forma de elegir a los políticos había mejorado mucho desde los orígenes del siglo XX: ahora cada uno tenía el suyo en su casa, soltando discursos, largas soflamas, críticas a todo y a todos. Había gente que incluso se compraba dos, para escucharlos debatir durante horas. 

Cuando la sociedad se dio cuenta que no aportaban nada en los parlamentos ni en ningún cargo de responsabilidad, hay que reconocer que reaccionaron rápido para no morirse de hambre.

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Dedicado a nuestra futura presidente del gobierno, doña Belén Esteban.

domingo, 3 de octubre de 2010

Pasado y futuro

En un gran fin de semana marcado por el futuro, hay momentos que han traído esencias del pasado. Recuerdos de hace catorce años, de hace doce, de hace dos. Buenas memorias mezcladas con otras en las que uno cayó y no supo corregir a tiempo. Lecciones aprendidas, olvidadas, repasadas, pendientes. Caminos de la vida que acabaron relegados a cajones de un mueble cerrado, y que uno desearía poder abrir y seguirlos desde donde se quedaron. 

No sería en absoluto justo recordar este fin de semana con melancolía. Es más honesto recordarle con felicidad, con una sonrisa. Con un abrazo. Y que el futuro sea tan maravilloso como mucho gente se merece.


miércoles, 29 de septiembre de 2010

Iba a hablar de la huelga...

Pero la verdad, teniendo en cuenta que sólo la he notado en tener que madrugar para asegurarme que cogía un tren, es tontería. Todo el mundo en el trabajo, tranquilidad absoluta en las calles. No he visto un piquete por la mañana ni por la tarde. En un recorrido Sol - Cuatro Caminos andando, que se atraviesa Preciados, Gran Vía y Fuencarral, el 90% del comercio estaba abierto. Lo del 70% de gente haciendo huelga no se lo cree ni el que ha dado el dato. Y las cifras de manifestantes en Cibeles, bueno, digamos que ya hace tiempo que quedamos en que eso era imposible cuando la manifestación la hacían los de derechas, no? Pues igual ahora cuando la hacen los de izquierdas!

Diré que han trabajado hasta los carteros, que me ha llegado hoy mi Kindle, comprado el sábado. La definición es excelente, es extremadamente ligero, no cansa nada la vista y hay bastantes libros gratuitos que ponerle. Incluso la usabilidad está razonablemente bien. Aún tiene un parpadeo algo extraño al cambiar de página, pero será acostumbrarse. Primer libro comprado para leerlo, una historia completa del imperio romano. Hala, con valor.

Mañana a primera hora, revisión médica. Mañana a segunda hora ya tendré, oficialmente, sobrepeso nivel I. sigh. Habrá que comer y beber hasta hartarse para sobrellevarlo.

lunes, 27 de septiembre de 2010

La primera vez


Esta foto de Madrid es la primera de mi vida que acaba en una exposición, y la primera que está a la venta. Posiblemente, también la primera que acabe colgada con un marco en mi cuarto.

Se siente un pequeño orgullo cuando uno se ve ahí puesto en una pared y la gente mira las fotos. Posiblemente a alguno hasta le guste!

La verdad es que esto, junto a que unos de los que pusieron cosas en la noche en blanco hayan elegido dos de mis fotillos para ilustrar una publicación que quieren hacer, llena de ilusión y de ganas de seguir sacando fotos que, al fin y al cabo, es lo importante.

A ver si me acuerdo el miércoles y me llevo la cámara de fotos para sacar fotos de la huelga, o de la normalidad.

Gracias a todos los que me habéis aguantado cuando llevo la cámara encima. Habrá que seguir incordiando con ella!