sábado, 31 de octubre de 2009

Sólo nos queda soñar y esperar y confiar

Maslow tenía razón, pero lo que no dijo es que somos todos imbéciles y egoistas. La piramide de las necesidades debería ser como las egipcias, algo social, no individual. Una sociedad en la que desaparece el trabajo más rápido que los sueños de adolescencia, en la que el paro asola el paisaje, no debería permitir que sus miembros perdieran energías en sueños vacuos, en amores trágicos, en llantos por penas que no aportan nada. La sociedad debería funcionar como una máquina perfecta, sus engranajes, sus miembros, deberían priorizar el bien común sobre el individual.

Y si alguien se cree que he escrito eso, que me lo diga... El error no es de Maslow, que lo es, que lo único que nos demostró es que, con cuantas más necesidades cubiertas tengamos más difícil será ser feliz. El error es nuestro que no nos damos cuenta que podemos soñar sin hacer nada, pero no podemos conseguir que los sueños se cumplan si no arrimamos todos el hombro, si no nos comprometemos.

Absurdas pirámides, absurdo Maslow y absurda felicidad, que sólo vale para recordarnos, día sí, día también, que no la hemos alcanzado.

miércoles, 28 de octubre de 2009

relato: conduciendo

Cerrar la puerta. Abrocharse el cinturón de seguridad. Meter la llave en el contacto, girarla, oir el motor despertar. Quitar el freno de mano, primera, acelerador, segunda, acelerador, tercera, acelerador. Intermitente, incorporación a carretera. Cuarta, acelerador, quinta, acelerador, acelerador. Aire colandose por la ventanilla, desordenando mi pelo, resonando por el interior del coche. Sensación de velocidad, sensación de libertad, sensación de huida. El aire, el sonido del motor, de los coches que van quedando atrás, pequeños en el espejo retrovisor, diminutos segundos después. Un destino al que casi sería mejor no llegar y prolongar el viaje, que a veces es el fin en sí mismo. Como esta vez. Si fuera posible, la carretera se perdería más allá del horizonte, y seguiría, recta, curvilinea, atrayente e hipnotizante tramo tras tramo. Ascendería hacia el cielo y se acabaría detrás de una estrella. Encender las luces, la noche cae. El paisaje queda convertido en un manto negro, con luciérnagas de metal que se siguen unas a otras. Intermitente a la derecha, mi desviación. Cuarta, frenar. Tercera, frenar. Un breve rato por un camino que huele a pueblo, a campo, a orígenes. Huele a todo aquello que se ha perdido. Segunda, intermitente. Girar justo donde la última vez un conejo se asustó por las luces. Freno. Coche parado. Freno de mano. Meter primera. Desabrocharse el cinturón, abrir la puerta del coche. Abandonarlo.
Darse cuenta que el camino se ha acabado. O ha empezado, qué más da.

lunes, 26 de octubre de 2009

De noche

Un grito en un lugar lejano. Un coche acelerando al cambiar el semáforo en el que presumiblemente estaba. Zumbidos de miles de televisores conformando el panal de luces que se veía por las cortinas. Unas risas espaciadas, empapadas en alcohol, juveniles y a la vez, decadentes, vencidas. Un autobús deteniéndose con su contenido humano de deshechos de la noche, unos, abandonando el vehículo, otros, abandonados a su suerte. Sonido de pasos de una pareja que pasea rápido, deseando llegar a algún sitio cuanto antes. Sonido lento y rítmico de una pareja que se detuvo en un portal, y se funden, una y otra vez, contra los telefonillos. Un perro ladra. No es respondido. Pasa veloz, una ambulancia.
Cierro los ojos, duermo, la noche en la ciudad concluye para mi. Fuera, el mundo sigue imparable.

domingo, 25 de octubre de 2009

700

Una mesa llena de papeles, escritos de forma apresurada, con anotaciones, con errores manifiestos. Están desperdigados, sin orden ni concierto. Al lado de la mesa, una papelera. Rebosa. Si se analizara detenidamente, muchos de los textos arrugados ni difieren demasiado de los que quedan en la mesa. Una pequeña carpeta, con borradores, se queda coqueta en una esquina. No hay mucho dentro, pero tiene pinta de haber vivido momentos de más uso.

Hay un archivador lleno de fotografías mediocres y recortes de periódicos. La calidad de las fotos es baja, y la relación entre ellas, compleja. Su ordenación, cronológica, no hace más fácil ojearlas de forma lógica.

Cerca de la carpeta de borradores, hay una pila de agendas, de este año y los dos anteriores. Hay fechas marcadas, algunos textos grapados a días.

Un bolígrafo queda, sobre una hoja en blanco, en el borde más cercano a la silla. A los pies de la mesa hay varios tacos de hojas. Parece que hay previsión de seguir escribiendo mucho. Sólo faltaría descubrir para qué se está escribiendo...

( lo que sería mi blog si en vez de una página de internet estuviera en el MundoReal. Mi pequeño homenaje a él tras haber alcanzado los 700 artículos. Porque revisar lo que ha pasado cada cien artículos es aburrido y hay veces que es mejor no echar la vista atrás, porque se han dejado demasiadas cosas por el camino. )


jueves, 22 de octubre de 2009

Grandes citas anotadas en un día gris

Alice asked the Chesire Cat, who was sitting in a tree, "What road do I take?"
The cat asked, "Where do you want to go?"
"I don't know", Alice answered.
"Then," said the cat, "it really doesn't matter, does it?"

Alice in Wonderland, Lewis Carroll

Y así, en encrucijadas o en rotondas, o en amplias plazas donde no hay un camino a seguir. Buscando un camino, o perdiéndolo. Melancolía a veces. Recuerdos. Recuerdos... Soledad y miedo. La sensación, siempre recurrente, de haber perdido otra batalla sin haber llegado a lucharla.

"In the midst of winter, I finally found that there was in me an invincible summer."

Albert Camus

Y mientras, en algún lugar, descubrí que llegaba tarde al verano y al invierno, a la noche y a la mañana, a cada minuto. Llegaba tarde a lo importante de una vida que se desvanecía.

"When I went to school, they asked me what I wanted to be when I grew up. I wrote down 'happy.' They told me I didn't understand the assignment. I told them they didn't understand life."
Charles Bukowsky?


Y en algún momento me haré mayor, y descubriré el sentido que tenía todo... Podré dormir por las noches con esas sonrisa que ahora añoro.

Besos.

miércoles, 21 de octubre de 2009

relato: De boda 3 ( la verdad es un monstruo polifacético )

Siempre me han aterrado las bodas. La mezcla de un protocolo al que ceñirse mientras te asalta una explosión de sentimientos a flor de piel me ha parecido que convierte un día que debiera ser un tranquilo papeleo legal en un acontecimiento desmesurado y pretencioso. Pero a esta boda tenía que ir. Era la mía. Tendría que subirme a ese altar, recorrer con una falsa sonrisa el pasillo. Ir agradeciendo, a cada paso, que todo el mundo estuviera en ese día que llevaba temiendo tanto tiempo.

Mi vestido, mi peinado, me permitirían brillar, destacar, lucir. Lo odiaba. Las luces, las miradas y los deseos concentrándose en ese vestido de larga cola que tendría que arrastrar como una pesada carga. Vestido en el que desde atrás notaba una mirada conocida. La mirada que siempre había deseado, los ojos en los que siempre había querido bucear. Los párpados que había querido besar. Nunca me atreví, cobarde, resignada a mi suerte. Tantos momentos donde poder haberlo intentado...

Recuerdos. Recuerdos a cada segundo viniendo a mi cabeza. Recuerdos de él en tantos sitios. Recuerdos de su piel, de su pelo, de su ingenio. Recuerdos que quedaban atrás, bajo esa larga cola que condenaba mi vida pasada y me lanzaba por un barranco a una etapa nueva. Recuerdos que me sepultaban junto a mis miedos.

Jamás me había sentido tan sola, tan condenada. Creo que mi rostro sonreía por el propio peso del maquillaje, mientras mi vida, disimuladamente, abandonaba la iglesia por un rincón sombrío.

Miré hacia atrás buscando algo, sin saber el qué. Vi rostros incomprendidos, gente ansiosa por que todo siguiera y acabara, familiares emocionados. Y en un rincón, sus ojos, que se cruzaron con los míos. Dudo que viera la petición que le hice en ese instante de que me sacara de allí. Le dije que le quería como nunca le había dicho a nadie. Pero yo sabía que era tarde, y que él, desgraciadamente, se estaría alegrando de mi boda.

Miré a mi prometido. Empecé a llorar débilmente. Él me dio su pañuelo, me cogió de la mano, y todo siguió su curso esperado.

Hace años, hubo un día en que creí que ibas a decirme que me amabas, que compartiéramos nuestra vida olvidandonos de todo. Pero dijiste una trivialidad, y te fuiste a casa o a otro bar, qué más da. El despecho, el infierno, un gin tonic, un escalón y un zapato herido me lanzaron en brazos de mi futuro marido.

"Sí, quiero"

Me coge de la mano, cojo la suya. Los anillos. Unimos nuestras vidas mientras la mía pierde la capacidad de soñar.

Ya no me quedan ni lágrimas para llorar. Y lo peor es que tú, desde tu rincón, lloras emocionado.

martes, 20 de octubre de 2009

relato: De boda 2 ( todo cambia con tan poco... )

Siempre me han gustado las bodas. La mezcla de un protocolo y una ceremonia religiosa combinada con sentimientos intensos a flor de piel me ha parecido que convierte un mero trámite administrativo en un acontecimiento grandioso. Pero a esta boda no tenía que haber venido. Por ella. No podría verla en ese altar, ni soportaría notarla feliz recorriendo el pasillo. No quería que sus ojos, claros y estrellados, se cruzaran una vez más con los míos en ese día que ella llevaba tanto tiempo deseando y que llevaba atormentandome desde hace meses.

Ella resplandecía, límpida, nivea. Las luces, las miradas y los deseos concentrándose en ese vestido de larga cola que yo apenas podía mirar. Decir que iba hermosa es decir poco. Aunque daba igual lo que hubiera llevado. Su vestido recordaba a un fantasma del pasado, que volvía, que se quedaba allí, que me echaba en cara todo lo que debiera haber pasado y nunca llegó a suceder.

Recuerdos. Recuerdos a cada segundo viniendo a mi cabeza. Recuerdos de ella en tantos sitios. Recuerdos de su voz, de su risa. Recuerdos que quedaban atrás, bajo esa larga cola que cerraba una vida pasada y servía de trampolín a una etapa nueva. Recuerdos que me sepultaban junto a mis miedos.

Ella, siempre tan especial, siempre con ese aura que la rodeaba irradiando felicidad, lista para cambiar su vida. Estaba decidida, feliz, deseosa.

En ese momento echó la vista atrás, quizás despidiendose de su anterior etapa, y nuestros ojos se cruzaron, durante un breve instante. Ella posiblemente no se diera cuenta que era yo. No se diera cuenta del amor incomprendido y cobarde que quedaba en mi mirada.

Justo después, le miró a él, durante un segundo, fijamente, intensamente. Una lágrima apareció en su mejilla. Él la prestó su pañuelo, se cogieron de la mano y siguió la ceremonia.

Hace años, él tuvo un día en que se atrevió y tuvo suerte... Yo tuve cientos de días de silencios, de miradas débiles y fugaces, de proposiciones disimuladas. Fuimos amigos que se quisieron mucho, destinos que nunca llegaron a enhebrarse.

"Sí, quiero"

Sus manos juntas, los anillos. Dos vidas que se unieron. Un sueño que se rompió.

Ahora la lágrima cae por mi mejilla...