domingo, 13 de diciembre de 2009

Llueve dentro de una tubería


El agua, cuando cae en determinadas condiciones, parece un manto, una cortina de gotas entrelazadas con esmero. No se puede ver lo de detrás, hay que intuirlo.

Eso me pasaba mientras te miraba llorando. Tus lágrimas no me dejaban acercarme, no me dejaban ver lo que te pasaba, no me dejaban comprenderte. Me hacían resbalar, me llevaban en su corriente, lejos, a un paraje aislado y yermo, escrito en un lenguaje indescifrable.

Yo dejé de estar allí, donde tú hacía tiempo que no estabas. Viajabas por una caverna de recuerdos en tu cabeza, de pinturas rupestres de trágico recuerdo, de estalactitas que se clavaban en tu piel y en tu alma.

Esa noche moriste un poco. Yo también. Sólo quería abrazarte, pero no podía. Me di cuenta que yo también estaba llorando. Y tampoco pudiste abrazarme.

Desembocamos en distintos mares y detrás, quedó un terreno seco, agreste,olvidado.

Ojalá hubiera podido superar tus lágrimas, mis lágrimas. Ojalá todo no hubiera quedado allí, ahogado en ese llanto. Ojalá deje de llover, por fin, este invierno.

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