sábado, 12 de diciembre de 2009

Soldadito o marinero



Estar quieto, siempre sonriente, en esa postura forzada y sin sentido. Estar firme, siendo un soldado de madera, brazos en cruz, homenaje quizás al cascanueces, quizás a ese recuerdo de los padres y sus soldaditos. Día y noche, día y noche, con ese foco apuntando directo al rostro, con esa música monotona y repetitiva, sonando por detrás, por los lados, por todas partes. Resonando cada minuto en mi cabeza. Sólo los brazos se mueven, rígidos y casi inertes, en esos momentos tan concretos de la coreografía.

Prometo que, cuando decidí hacerme actor, no contaba con tener que aceptar estos papeles. Maldita crisis!

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